Un millón de firmas

Eduardo Enrí[email protected]

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Un millón de firmas


Eduardo Enríquez
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No todo está perdido. Hoy, el organismo de observación electoral Ética y Transparencia se pronunció por la renuncia de todos los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE), después de las elecciones del próximo domingo en la costa Caribe .

No es para menos. En las últimas semanas los magistrados del Consejo han demostrado que los nicaragüenses no podemos considerarlos dignos de nuestra confianza para manejar las elecciones generales del 2006.

Pero la situación en lugar de mejorar ha empeorado, porque con el fallo de la Sala Constitucional de la Corte Suprema (que se constituyó ilegalmente y sólo con magistrados sandinistas) el CSE ha quedado en pleno control del sandinismo orteguista.

Y como bien dice Roberto Courtney, director ejecutivo de Ética y Transparencia, lo único peor que un CSE controlado por dos partidos, es un CSE controlado por un partido, como está ahora.

Ahora, lo fácil —y lo correcto— ya se hizo, que es pedirles la renuncia a todos, pero queda lo difícil, cómo hacerlos renunciar y luego cómo hacer para que la Asamblea Nacional, controlada por los partidos Frente Sandinista y Liberal Constitucionalista escoja personas verdaderamente imparciales para manejar el CSE cuando estos partidos son precisamente los arquitectos de esta situación.

Es difícil porque los magistrados no van a renunciar. Va a ser necesario destituirlos, pero para eso son necesarios 56 votos en el parlamento y todos los votos no sandinistas en la Asamblea apenas suman 53. Y lo mismo se requiere para elegir a nuevos magistrados. Los sandinistas-orteguistas, que tienen la sartén por el mango, no van a permitir eso.

A menos que se convenzan que ni un fraude puede hacerlos ganar estas elecciones. ¿Cómo lograr esto?

Una posibilidad es que los organismos de la sociedad civil que se aglutinaron el año pasado en la Red por Nicaragua vuelvan a la carga, pero no sólo con marchas, sino con el firme propósito de recoger un millón de firmas en contra de este Consejo.

Es difícil, es caro, pero no imposible. Un millón de firmas es poco menos del 50 por ciento de la población votante, y las encuestas ponen el nivel de desconfianza en este CSE (en noviembre) en un 51 por ciento de toda la población mayor de 16 años en este país. Hoy esa desconfianza debe ser mayor.

Sin embargo es posible que ni con un millón de firmas enfrente los 38 diputados del Frente Sandinista vayan a aceptar cambiar el Consejo, pero una cosa quedará clara, que ese millón de firmas van a estar en contra del manoseo de las leyes que ha hecho el orteguismo desde el Consejo Supremo Electoral y desde la Corte Suprema. No digo desde la Asamblea Nacional porque ahí el manoseo ha sido “en conjunto” con el PLC.

La semana pasada yo proponía que la gente saliera a las calles a reclamar contra este Consejo y que dijera la gente que con esos magistrados no iba a votar, sin embargo un amigo me hizo entrar en razón. Aún si la abstención llegara al 80 por ciento, el 20 por ciento que vote decidiría quién sería el próximo Presidente.

Así que la solución pasa más bien por hacer conciencia de la necesidad de salir a protestar, primero para que quede claro que la mayoría de los nicaragüenses desconfía de estos magistrados; pero si por las vías cívicas y legales es imposible cambiarlos antes de las elecciones por personas imparciales, inteligentes y creíbles, al menos las marchas y la recolecta de firmas habrán servido para dejar claro que lo que viene es un fraude y que sólo saliendo a votar se puede evitar. Es hora de comenzar a recoger un millón de firmas.

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