Federico Dueñas
En Nicaragua, país de maravillas y dramáticos contrastes, la nefasta política criolla tiene secuestrada a la nación sin esperanzas de un futuro económico promisorio a corto, ni mediano plazo. Las elecciones regionales para marzo en la Costa, tácitamente cuestionadas por la ciudadanía, la OEA y países donantes europeos, serán una irrefutable muestra de nuestro desventurado infortunio, manipuladas por los dos patéticos caudillos populistas, quienes, al final de cuentas, medirán poderes de cara a las elecciones presidenciales en noviembre para repartirse el botín del pastel nacional.
Los disturbios de este mes de febrero fueron simplemente ejercicios de calentamiento, movilización de masas y “ajustes técnicos” necesarios en el Consejo Supremo Electoral (CSE) para garantizar la gran mascarada bendecida de noviembre.
El incremento en el precio del combustible dio oportunidad a que las turbulentas cooperativas transportistas exigieran mayores subsidios al Gobierno, desquiciando Managua por casi diez días, que no fueron más sangrientos por la firme acción profesional de la Policía Nacional y los bomberos. Aparentemente se salieron con la suya y nuevamente obtendrán más de lo exigido. Dinero que finalmente saldrá de los bolsillos de todos los habitantes del país.
Yo no entiendo qué sucede, el señor Quinto dice que hay casi 1,200 buses registrados; trescientos en las rutas de Masaya y Carazo o El Crucero, del resto hay como doscientos descompuestos y/o fuera de servicio, de manera que sólo como 700 buses operan en Managua y exigen veinte millones de córdobas mensuales de subsidio para no hacer otra huelga en los próximos cuatro meses.
¡Un subsidio promedio obligado de casi 29,000 córdobas mensuales por bus! O sea a veinte galones de diesel diario para cada bus gratis. ¡Yo quiero ser transportista!
El movimiento de Médicos Prosalario goza plenamente de la simpatía y el apoyo de la ciudadanía. Han tenido el cuidado de evitar que el diputado —médico-agitador— Gustavo Porras, politice y contamine sus pacíficas pero firmes demandas.
¿Cuántos años de arduos sacrificios, estudios y experiencia práctica se requieren para forjar a un médico? ¿Qué se necesita para ser un cooperante y/o chofer transportista? Evidentemente existe una abismal distancia cualitativa y en servicio social entre un profesional médico y el troglodita timonero de un destartalado bus. Pobre “paisito”. En manos de quiénes estamos. ¡Qué Dios salve a Nicaragua!