El elefante blanco del Conpes

Violeta Granera P.

El viernes pasado fue la apertura del VI período de sesiones del Conpes, instancia de diálogo permanente y constitucional entre la sociedad civil y el Estado para facilitar que las políticas y recursos públicos beneficien a la población. Las organizaciones que lo conforman deben servir de enlace entre las propuestas ciudadanas y los que toman las decisiones públicas, poniendo énfasis en que sean escuchados aquellos que por su lejanía de los centros de poder, o por sus condiciones socioeconómicas, tienen menos posibilidades de incidir en las políticas que los afectan. Esto es un derecho ciudadano y la única posibilidad para que Nicaragua, con tantas desigualdades y deficiencias en su cultura política, logre un desarrollo sostenible y equitativo con gobernabilidad democrática.

En reconocimiento al voluntariado de los setenta y siete organizaciones y ciudadanos que lo conforman, comparto algunas reflexiones motivadas por una información de este Diario.

El Conpes refleja la lucha entre una cultura política tradicional y una moderna. Una prueba contundente es que el mandato constitucional de 1995 para formarlo se concretó hasta finales de 1999, por la presión de la sociedad civil y la cooperación internacional. Desde entonces, ha evolucionado —con altos y bajos, como toda la institucionalidad de este país— impulsando y ajustándose al desarrollo jurídico e institucional que promueve la participación y los respectivos cambios en la cultura política. Estos esfuerzos se recogen en la Ley de Participación Ciudadana —promulgada en el 2003— que norma la obligación del Estado para que las decisiones públicas sean producto de una consulta, reconociendo el Sistema Nacional de Concertación y Participación que se ha conformado en los últimos años con instancias nacionales, departamentales, municipales y de las Regiones del Atlántico.

Los miembros del Conpes han contribuido de manera importante —aunque tal vez no suficientemente conocida— en estos cambios. Puedo afirmarlo porque varios años representé a la Coordinadora Civil y desde julio pasado soy su Secretaria Ejecutiva. Su primer logro fue facilitar que las organizaciones desarrollaran aptitudes para plantear una diversidad de opiniones, escuchándose y dialogando con tolerancia y respeto, buscando consensos y poniendo los intereses nacionales adelante de sus legítimos intereses particulares o institucionales. Con esta práctica inusual en Nicaragua se han emitido recomendaciones valiosas, tales como la propuesta de visión de nación, base de las estrategias nacionales para enfrentar la pobreza y del Plan Nacional de Desarrollo; insumos para acercar posiciones entre la clase patronal y laboral; propuestas para mejorar la institucionalidad de los Poderes del Estado y la competitividad del país, y el diseño de procesos para una mayor transparencia y pertinencia en la asignación de los recursos públicos, por mencionar sólo algunas.

Como resultado, los funcionarios públicos están reconociendo el valor agregado que el consenso da a sus decisiones. Es frecuente ahora que la elaboración de políticas y leyes incluyan tiempo para la consulta ciudadana. El Conpes ha venido facilitando estas, en coordinación con la institución correspondiente. En ocasiones, las propuestas consensuadas en el Conpes no han sido bien valoradas. Inclusive, algunas veces han causado tensión con la clase política. Ello es previsible en la transición democrática que vivimos. Y por ello, este sistema participativo, aún siendo débil, significa un valioso logro, a cuyo perfeccionamiento todos debemos apostar.

Sus principales retos son lograr la articulación de todo el sistema para que las propuestas ciudadanas del territorio y los sectores tengan coherencia y respaldo para imprimir cambios pendientes en beneficio del país. Y contribuir a que los avances que se han logrado tengan sostenibilidad después de las elecciones nacionales. Es un desafío grande, posible solamente por el compromiso de la sociedad civil, ratificado en el Conpes, de incorporar en la agenda pública durante este año crucial sus perspectivas y propuestas. El elefante blanco camina —al ritmo de procesos que implican profundos cambios culturales— pero también con la seguridad y legitimidad que le da la fuerza de la gente.

La autora es secretaria ejecutiva del Conpes.

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