Elba Gutiérrez
Hoy, día de San Valentín, cuando todos andamos contagiados por la publicidad, escribo sobre el amor, la fuerza inspiradora que mueve a todos los seres humanos a ser mejores personas, ya que la única forma de recibir es dando y entre más damos más recibimos.
Cada vez que pienso, hablo o escribo acerca del amor me remito a Corintios 13:4-7 que dice: “El amor es paciente, es servicial, no es envidioso, no hace alardes, no envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo soporta”. Así lo dice textualmente.
Creo con tantas fuerzas en ese amor que se da sin reservas, esa fuerza electrizante que nos inunda desde los pies hasta la cabeza, sin esperar nada a cambio. Solamente esa entrega total capaz de cambiar al mundo si todos los practicamos.
En el amor no hay relativismo, el amor es absoluto, no lo podemos dosificar, estoy convencida de que así nos ama Dios a nosotros, que somos sus hijos. Cada vez que amamos —sin ningún tipo de reservas— a nuestros seres queridos: hijos, padres, maridos o amantes, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, o cuando amamos a la Patria, entre tantos otros amores que podemos experimentar y tener, ayudaremos a tener una sociedad y un país mejor.
La energía que da el amor a las personas es extraordinaria. Es tan hermoso cómo nos transforma la vida, por supuesto si lo ponemos en práctica. Creo que Nicaragua va a cambiar cuando dejemos de un lado los intereses egoístas, mezquinos y pongamos en práctica ese amor que es el verdadero tesoro que heredaremos a las futuras generaciones y el que debemos cultivar como una energía renovable.
Coincido con Paulo Coelo, quien afirma que: “El amor es lo único que activa la inteligencia y la creatividad, algo que nos purifica y nos libera”. Por eso todos los días del mundo yo digo: Viva el amor.
Periodista