Pedro Rafael Gutiérrez Doña
El Príncipe de las Letras Castellanas. el Padre del Modernismo. El revolucionario de la métrica gramatical. El ‘indio’ de Metapa. El rey de la poesía. El hombre que hizo con la poesía lo que los Evangelios hicieron con el alma y el espíritu. Este que dejó de existir hace 90 años un 6 de febrero de 1916 y que su palabra y verso vive entre nosotros…
Félix Rubén García Sarmiento conocido como Rubén Darío dejó para las generaciones venideras el camino hacia la eternidad poética, el canto, la risa y el llanto por el que tuvo que pasar.
De París a Buenos Aires. De El Salvador a Santiago de Chile. De Santiago de Chile a Madrid. De Madrid a San José Costa Rica, Rubén dejó sembrado este vasto territorio para cosechar hoy en día que el mundo lo recuerde.
Y en su paso por Costa Rica no quedó desapercibido. El 3 de septiembre de 1891 en La Prensa Libre, el periódico decano de Costa Rica y del que fue director lo anunció así: …“Procedentes de Guatemala han llegado nuestro amigo el ilustre poeta don Rubén Darío, acompañado de sus distinguida esposa doña Rafaela Contreras de Darío y de doña Manuela de Contreras, a las cuales presentamos nuestros respetos saludándolas afectuosamente. El poeta necesita especial bienvenida y nosotros copiemos enseguida el peán de Skyros, con que saludó la Eubea la llegada de Anacreonte. El destino mira con ojos benévolos la tierra marcada con las huellas de las musas; la armonía, la belleza y el dolor han posado por allí la frente y el destino se desnudaba con el recuerdo de la armonía, se serena cuando sabe que el dolor le está ofreciendo con fuego purificador un perenne holocausto; bendita sea la tierra que atrae al peregrino que lleva bajo el brazo la cítara que suena dulce a las instancias del plectro. Los misterios de los dioses nos reveló el antiguo Sanconisthon y sus gracias Homero, cuyos versos repetimos a través de los siglos; ya antes Orfeo había, por las insinuaciones de su voz, edificado nuestra ciudad… Después de saludar al poeta esperamos impacientes por estrechar la mano del amigo…”
Su paso por Costa Rica no fue producto de la casualidad, al casarse con la bellísima costarricense Rafaela Contreras Cañas a la que le cantó después de su muerte: “Lirio Divino, lirio de las anunciaciones: lirio, florido príncipe, hermano perfumado de las estrellas castas, joya de los abriles”. Relata Rubén parte de su experiencia en Costa Rica de esta manera…: “En San José, pasé una vida grata aunque de lucha. La madre de mi esposa era de origen costarricense y allí tenía alguna familia. San José es una ciudad encantadora ante las de la América Central. Sus mujeres son las mas lindas de todas las cinco Repúblicas. Su sociedad es una de las mas europeizadas y norteamericanizada.
Colaboré en varios periódicos, uno de ellos dirigido por el poeta Pío Víquez, otro por el cojo Quirós, hombre temible en política, chispeante y popular; intimé allí con el ministro español Arellano y cuando nació mi primogénito, como he referido, su esposa Margarita Foxá, fue la madrina. Un día vi salir de un hotel acompañado de una mujer muy blanca y de cuerpo fino, española, a un gran negro elegante. Era Antonio Maceo. Iba con él otro negro, llamado Bembeta, famoso también en la guerra cubana. Tuve amigos buenos como el hoy general Lesmes Jiménez, cuya familia era uno de los más fuertes sostenes de la política católica. Conocí en el Club principal de San José a personas como Rafael Iglesias, verboso, vibrante, decidido; Ricardo Jiménez y Cleto González Víquez, pertenecientes a lo que llamamos nobleza costarricense, letrados, doctos, hombres gentiles, intachables caballeros, ambos verdaderos intelectuales. Todos han sido presidentes de la República. Conocí allí también a Tomás Regalado, manco como don Ramón del Valle Inclán, pero maravilloso tirador de revólver con el brazo que le quedaba… Después del nacimiento de mi hijo la vida se me hizo bastante difícil en Costa Rica y partí solo, de retorno a Guatemala, para ver si encontraba allí manera de arreglarme una situación…” De esta manera se expresó Rubén Darío de sus amigos en Costa Rica, y de igual manera lo hizo de la mujer costarricense como jamás nadie de la altura intelectual lo haya hecho diciendo… “La mujer de Costa Rica posee una gracia suya encantadora y atrayente: como tiene la propia andaluza, la limeña como tiene su alta mágica la divina ciudadana.
(Grabado del artista clásico costarricense Francisco Amiguetti en honor al poeta.)
De París. La belleza de la costarricense no es la belleza real de la chilena, ni la belleza marmórea de ciertas guatemaltecas; es una belleza dulce y misteriosa que arrastra las almas. Es como de marfil, bañada la faz con una suave disolución de rosas…” Así se expresó Rubén de los costarricenses “!Me pide usted, mi querido amigo, mi opinión sobre Costa Rica! Tiene la tierra, ubérrima y noble, un cielo azul. Los dos océanos mira el explorador desde la cumbre de sus altos volcanes. Da oro y maíz Costa Rica; exporta a barco repleto el banano, saca de la tierra el jugo de la riqueza y adora al buey. Los bueyes de los ticos tienen en la punta de los cuernos, por obra del bizarro lujo campesino, dos esferas de bronce. ¡Hiiiii! Y ¡Jesa! Son las dos palabras sagradas de los hombres del campo. Blancos y Hermosos como sajones, los carreteros y los montañeses dan una prueba de la gallardía de su raza; siervos de la yunta productora, le descascaran la caña de azúcar, le dan al grande y gordo animal en las manos la comida. Y cuando sale de un cortijo, de un caserío de una huerta, de una chácara una jovencita con un cesto en su cabeza, no hay canéfora mas linda, ni rosas frescas mejores que las dos rosas de su cara…”
El autor es empresario.