Carlos Alberto Cerda Gaitá[email protected]
“La verdad os hará libres”.(Jn 8,32)
En diversos momentos de la historia de la humanidad se observa que, en ocasiones, la mentira se convierte en verdad. Este es uno de los ejercicios perjudiciales de la política. Rafael Argullol en un interesante artículo (EL PAIS: 9 de enero del 2006) describe cómo los Protocolos de los Sabios de Sion, un documento que recoge los acuerdos de una reunión secreta de conspiradores judíos en la que se decidió la estrategia para alcanzar el gobierno mundial no fue más que un burdo montaje de la policía secreta zarista, Okhrana. Sin embargo, el contexto en que fueron concebidos y distribuidos (1905) convirtió en verdad una absurda falsedad.
Alfred Rosenberg fue el encargado de publicar dichos protocolos. En Alemania fueron distribuidos miles de ejemplares. Aunque se advirtió sobre la falsedad del mismo, los ánimos se habían agitado lo suficiente para dar lugar a lo trágico e inhumano. De alguna manera era demasiado tarde. Auschwitz hacía de las suyas .
Los protocolos correspondían a una obra de Maurice Joly (escritor francés) publicada en 1860 con el título Diálogo de Maquiavelo y Montesquieu en el Infierno. El ardid había sido descubierto y demostrado por Philip Graves, corresponsal del TIMES en Estambul. Sentencia Argullol que: “La historia del montaje de los Protocolos de los Sabios de Sion debería ser un texto de referencia para todos nuestros gobernantes. Por sus brutales consecuencias y como espejo de una siniestra y generalizada forma de hacer política que tantos aprenden con cínica rapidez: suma dos mentiras y obtendrás una verdad”.
¡Qué oportuno el relato para el pueblo nicaragüense! Pues pronto se decidirá quién será el próximo gobernante. A propósito del período de campaña electoral que se avecina, donde abundan las promesas y el marketing político alcanza su máxima expresión, es cuando la mentira se convierte en verdad. Esto no sólo sucede en Nicaragua. Humberto Eco advierte que: “Todos los comportamientos propagandísticos son parecidos”. Es como un mal generalizado.
Sepan los políticos que la democracia no es retórica, es una forma civilizada de vida. Se trata de un sistema acorde con la dignidad humana que establece reglas claras, donde el pueblo decide a quién nombrar como gobernante y cuándo quitarlo. El juego político se sustenta en valores y principios que tienen por objeto buscar el sano equilibrio entre el Estado de Derecho y los proyectos de las fuerzas políticas, en ambos el interés común o colectivo prevalece.
Platón, el filósofo griego expresó que: “La democracia es una encantadora forma de gobierno repleta de diversidad (…) que otorga por igual una especie de equidad a iguales y desiguales”.
Los candidatos, inspirados por un delirio consciente, que diseñan y “venden” promesas inalcanzables con el fin de lograr a toda costa el mayor número de votos, no saben que están jugando, nada más y nada menos, con el futuro de un pueblo lleno de aspiraciones y anhelos de progreso.
Hace falta compromiso cívico y patriótico para ofertar lo que, realmente, es posible cumplir. Es decir, responsabilidad con el don de la palabra. Que las mentiras desaparezcan del ámbito de la política es algo imposible, sin embargo, evitar que la mentira se convierta en verdad es algo totalmente factible y necesario en nuestro tiempo, así seremos verdaderamente libres.
El autor es consultor