Alfredo Lacayo [email protected]
¿Cuánto tiempo hemos pasado haciendo proyectos para el nuevo año y llegamos al final del mismo para darnos cuenta que no los cumplimos? Usualmente, concluimos que lo que pasó fue que no supimos darle prioridad a las cosas o que no supimos qué hacer y resolvemos pasando las metas para el próximo año. Pero, si el problema fue “no saber”, entonces, hágase estas preguntas: ¿Cuántas personas saben que no deberían fumar y lo hacen? ¿Cuántas personas saben que no deberían tomar y toman?… ¿Si estas personas saben qué es lo que deben y no deben hacer; por qué no logran cumplir? ¡Porque el saber qué acción debemos tomar (evidentemente) no es suficiente para hacernos cambiar! Generalmente, todos tenemos una muy, pero muy clara idea de qué es lo que debemos y no debemos hacer… pero igual, no cumplimos. Y entonces, ¿qué debo hacer? se preguntará usted.
A través de la vida, a medida que aumenta nuestra productividad personal tienden a aumentar nuestros logros. De igual forma, a medida que decae nuestra productividad, tienden a aumentar nuestros fracasos. Sensaciones de estrés, agobio y ansiedad reducen nuestra productividad, ya que estas son producto de una indigestión mental. Pero… ¿cómo así? ¿cómo que indigestión mental?
Todo sistema/organismo funciona bajo el principio básico de un ciclo de alimentación y desempeño (input/ouput). Hay alimentos propios de una buena dieta, los cuales hacen que el sistema que estén alimentando funcione bajo excelentes condiciones, logrando altos niveles de productividad y hay alimentos que, más bien, causan indigestión, entorpeciendo el sistema y ocasionando bajos niveles de productividad. ¡La mente no es excepción! Nada más que esta cuenta con una característica prácticamente única… no se alimenta de cosas físicas sino de ideas. Por esa razón, vamos a discutir cuáles son los “alimentos mentales” ideales (buena dieta mental) y cuáles son los que queremos evitar, que ocasionan una “indigestión mental”, que experimentamos a través de sensaciones de estrés, ansiedad y agobio.
¿Cómo puedo alimentar a mi mente con una buena dieta mental, que como resultado inequívoco mejore mi productividad personal y por ende, me permita alcanzar las metas que me propongo para este año (y para todos los que siguen)?
La respuesta se encuentra detrás de dos pilares básicos: percepción y relatividad. La buena “dieta mental” ocurre cuando percibimos una relación balanceada entre la carga de trabajo que conlleva a la meta que nos proponemos a realizar y el tiempo disponible que tenemos para lograrla. La tendencia de la mayoría de las personas es visualizar y por ende, percibir, una relación desproporcionada entre estos dos factores. Visualizamos una carga de trabajo más grande que la real y más grande de la que podemos asimilar (ocasionando una fuerte sensación de agobio, producto de indigestión mental) y a conveniencia, visualizan o muy poco tiempo disponible (y así nos damos la excusa de “ya no hay tiempo, será para la próxima”) o demasiado tiempo (y así nos damos la excusa de “tengo tiempo de sobra, lo haré mañana”.) Dicho ciclo, al ocasionar una “indigestión mental” baja nuestra productividad personal y por lo tanto, nuestra capacidad de desempeño ante la vida. Comprendo la idea abstracta, pero en concreto, ¿qué hago?
Escriba las gestiones que conllevan a alcanzar la meta que se propone. Con esto, dividirá la carga de trabajo, haciendo que su mente la perciba más digerible. Ejemplo análogo: no es lo mismo hacer tres tiempos de comida en el día, que comerse los tres platos en una sentada. Aunque la cantidad de comida sería exactamente igual, nuestro organismo lo prefiere en tres partes (como mínimo). Luego, designe el tiempo de forma específica, con fecha, día, hora de inicio, hora de finalización y tiempo total para cada gestión. No le designe más de 2 horas a cada gestión. Si usted piensa que una gestión le tomará más de 2 horas, divídala en etapas. Esto se debe hacer de una forma predeterminada; cómo mínimo unas 24 horas antes de la acción. La idea de esto es evitar que las emociones alteren su plan de ejecución. Con anticipación, usted tendrá una cabeza más fría y tomará mejores decisiones (por lo menos, para estas cosas). Al escribir las gestiones, usted percibirá una relación balanceada entre su carga de trabajo y tiempo disponible.
La buena noticia de todo esto es que si usted piensa que es perezoso(a), fresco(a) y/o de poco mérito, usted no es más que una víctima de una mala dieta mental, la cual, si sigue las instrucciones de este artículo, la puede corregir y puede lograr metas más allá de lo que usted se está imaginando. No tiene nada que perder, ¡haga la prueba y verá que este año sí logrará sus metas!
El autor trabaja en la Facultad del Warrington College of Business,University of Florida.