Guillermo Rothschuh Villanueva
Durante el año 2002 los medios de comunicación en Nicaragua se ganaron por derecho propio a ser considerados como las instituciones más sobresalientes del año.
En 2005 no ocurrió igual. Medios y periodistas pese a su desempeño no alcanzaron a convertirse en los personajes del año. Aún así no puede dejar de reconocerse el papel importante que jugaron en la configuración democrática del país y su celo por la defensa de la institucionalidad nicaragüense. Estos aspectos pueden tenerse como los más relevantes, en un año paracircuitado en la esfera política y que desembocó en una entente entre los poderes Legislativo y Ejecutivo, mediante la firma de un tratado marco que algunos consideran evitó mayores desgastes políticos y pospuso la entrada en vigor de las cuestionadas reformas constitucionales.
Una apreciación de esta naturaleza no puede conducir a equívocos. Los medios continúan siendo una de las instituciones más relevantes del país. Los juicios vertidos obedecen a que siempre se espera más en su accionar cotidiano. En una sociedad en donde la fragilidad de las instituciones es manifiesta y la conducta de los poderes del Estado es altamente cuestionada, medios y comunicadores han venido jugando un papel de primera. Las encuestas así lo confirman. Los medios se sitúan como instituciones con un alto prestigio y forman parte del entramado democrático, por lo que están obligadas a rendir cuentas a la ciudadanía. Una obligación a la que no pueden ni deben rehuir como una clara demostración de consecuencia y legitimidad en su empeño democratizante.
Los cambios experimentados por algunos noticieros televisivos hizo de la nota roja, la columna vertebral de sus políticas informativas y la cara más visible de los medios. Un rostro odioso pero un rostro al fin. Se trata de un retroceso que no admite justificación. Todo obedece a la disputa por la audiencia, debido a que el rating determina las cuotas publicitarias que reciben, sin importar los resultados que se derivan al transmitir de manera sistemática, los siete días de la semana, hechos y circunstancias que lejos de enaltecer los valores humanos, los denigran. El repunte de la nota roja coincidió este año con el declive del periodismo investigativo. Esto afecta de manera directa la visión que la ciudadanía se ha forjado de los medios.
Durante 2005 asistimos al asesinato del periodista del Diario LA PRENSA, Adolfo Olivas, hecho que ratifica los resultados de la última encuesta realizada por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA, presentada el 1 de diciembre, en la que la ciudadanía capitalina expresa en un 97 por ciento que el ejercicio del periodismo en Nicaragua es altamente riesgoso, pero a la vez un alto porcentaje (48 por ciento), cree que no respetan los derechos humanos. Sin ningún atenuante esta percepción negativa debemos vincularla al despliegue obsceno de la nota roja. Otro hecho lamentable: la ratificación por parte de los legisladores de la reforma del Artículo 68 de la Constitución Política de Nicaragua, eliminando ciertas prerrogativas a las que tenían derecho las instituciones mediáticas. Una vuelta de manos en contra de quienes han venido fiscalizando su pobre desempeño y dando cuenta a la ciudadanía de los pasos desacertados en que incurre la clase política. Una clara venganza.
Otro aspecto destacable: la pérdida de hegemonía del Canal 2 y la disputa que mantiene con el Canal 10 por presentar la mejor programación televisiva del país. El 2 perdió dos programas nacionales (Esta Semana, conducido por Carlos Fernando Chamorro y Vidas y Confesiones de María Lilí Delgado), así también perdió a Edgard Tijerino como conductor de La Tertulia y el programa Don Francisco. Un programa que siempre ha marcado entre los cinco primeros lugares de audiencia nacional, según lo indican encuestas realizadas por firmas nacionales e internacionales. Tijerino creó su propio programa en el Canal 12, Tijereteando. Otro hecho importante es la expansión de la televisión por cable. Estesa se lanzó a la conquista del mercado en la región central del país. Un fenómeno interesante durante el 2005 fue el crecimiento vertiginoso de las radioemisoras con 250 watt de potencia, que constituyen el 37 por ciento de las radios en frecuencia modulada.
La agenda política se convirtió en el plato fuerte de los medios impresos. La Ley de Acceso a la Información, debido a la presión ciudadana, fue revisada. Sin embargo, requiere de una sensible mejoría. Los periodistas continuaron fortaleciendo su formación profesional inscribiéndose en los postgrados sobre Comunicación y Derechos de la Niñez y Comercio Internacional, impartidos en la UCA. LA PRENSA y el Canal 2 suscribieron el acuerdo el Círculo Virtuoso de la Comunicación, inaugurado el 4 de enero del 2006. En lo que quedaron endeudados los medios fue en no haber informado con largueza, acerca de la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información, celebrada en Túnez en noviembre pasado, un cónclave tanto o más importante que la Cumbre de Río y el Protocolo de Kioto.
En términos generales, no fue un mal año para el periodismo nacional. Pudo haber sido mejor. Esperamos que en este 2006 medios y periodistas retomen el liderazgo como las instituciones más creíbles y confiables de la sociedad nicaragüense. Una aspiración legítima, para quienes han convertido en un desafío, abrir y consolidar mayores espacios de participación democrática, en una sociedad desencantada y desconcertada como la nicaragüense.
El autor es decano de la Facultad de Comunicación de la UCA.