Uriel Cuadra Argüello
La diferencia entre lo material y lo espiritual se equipara con las diferencias entre Occidente y Oriente. El primero es totalmente materialista, sólo le interesa lo dorado que representa el sol, pues sus reyes deslumbran a cualquiera haciendo fiesta al que lo posee. El oriente es espiritualista, no le deslumbra el oro, sólo la riqueza del espíritu.
Dicen que se encontraron un occidental y un oriental, el primero le preguntó al segundo: ¿Tienes casa propia? A lo que el otro le respondió: no. Y éste preguntó. ¿Crees en Dios? Una pregunta busca una respuesta tangible, el otro es intangible.
Si leyéramos Lluvias de verano, de Sai Baba, en donde se manifiesta que el nacimiento representa la razón para la muerte, no la lamentaríamos. La cultural occidental es la cultura de las metrópolis en donde la multiplicación de los deseos individuales ha llevado al hombre hasta la miseria y la infelicidad. La cultura india es la cultura que predomina en el medio rural en donde son puros los deseos y es alto el grado de satisfacción. Busquemos la educación que proporciona la alegría de una vida satisfactoria. Lo lógico es llevar una vida sagrada y ejemplar, no olvidando que existe un más allá.
Por la forma del caminante y su indumentaria se conoce su necesidad, por eso los “donativos” deben darse sin que nadie los pida. Hay que ayudar pero sin comentarlo. Jamás hagas alardes de estas ayudas. Así como dicen que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Además, no des lo que ya no sirve, mejor no des. Anda, no olvides que esta vida es pasajera, muy poco tiempo pasaremos en ella y es lindo llevarte el recuerdo de la ayuda que proporcionaste a dimensiones mayores, sin herir a nadie; ni espiritualmente, ni físicamente. No hagas mal a nadie y en el más allá encontrarás la luz de un semáforo que te sabrá guiar por un camino recto y luminoso para que vayas comprendiendo la felicidad que jamás encontraste en este planeta.
El servicio a los oprimidos, los impedidos, a los enfermos es parte de una obligación en nuestra vida y esto se debe a que el amor del hombre por el universo es desinteresado, el cual va en beneficio de sus semejantes. Hay que hacer el bien, jamás el mal, sin aspirar a sacar ventaja por esta noble acción, pues ensuciará con sólo el pensamiento y todo su efecto sería contrario.
Deber y amor. Deber, hemos de buscar sólo aquel tipo de libertad que no obstruye la libertad de otros, y amor es la entrega sin interés en la ayuda que proporcionamos a nuestros semejantes, es la enseñanza divina y desinteresada que recibimos del Dios Padre, de ese que no conocemos, pero sí lo sentimos y comprendemos. El mayor placer consiste en: es mejor dar que recibir, es aquí donde la respuesta es inmediata, la felicidad interna que esto logra.
El autor es ingeniero.