¿Es confiable ahora el FSLN?

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¿Es confiable ahora el FSLN?





Los dirigentes del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), vienen desde hace ya bastante tiempo practicando la estrategia de hacer creer a la gente que ellos son ahora diferentes a aquel partido dictatorial que en los años ochenta censuraba y agredía a los medios de comunicación, atacaba y perseguía a los disidentes con sus “turbas divinas”, controlaba la vida privada de los ciudadanos por medio de sus CDS (“ojos y oídos de la revolución”), acosaba a los estudiantes a través de su Juventud Sandinista 19 de Julio, creaba escenarios de difamación contra la religión organizada —como el montado por Lenín Cerna y la Seguridad del Estado contra el padre Bismarck Carballo—, exigía visa de salida del país a los ciudadanos jóvenes, cometía delitos impunemente como el asesinato del joven Juan Paul Genie y destruía la economía del país con políticas de confiscación, nacionalización y centralización, todo lo cual llevó al país a una guerra que duró diez años.

Aquel Estado-Policía al que fuimos sometidos en los ochenta, dicen los voceros del Frente hoy día que era algo coyuntural, motivado por la guerra y no una política de gobierno permanente. Pero, ¿es realmente así? ¿Tenemos buenas razones para pensar que los sandinistas en efecto, habrían actuado de manera distinta si hubieran gobernado en tiempo de paz? ¿Ha mostrado el FSLN como oposición suficiente evidencia de que serían un gobierno democrático? Sin dudas que no.

Que el jefe máximo del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, se haya puesto repentinamente una bata de religioso, de moderado y demócrata, no significa que en verdad sea estas cosas. La bata le queda corta y deja al descubierto las botas que denuncian su verdadera identidad. Su meta es enmascarar el ateísmo filosófico que promovió durante su gobierno y que fue enseñado de manera subliminal a los niños de las escuelas primarias y de forma cruda y directa a los adolescentes de la secundaria y a los jóvenes de la universidad. Lo que Ortega y su partido pretenden es ganarse la simpatía del pueblo democrático y cristiano de Nicaragua en esta etapa preelectoral. Por eso se acercó al cardenal Obando y a varios líderes evangélicos y tratará de hacer lo mismo con el nuevo Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes. Pero se trata de mascaradas y nada más que de mascaradas.

Sin embargo, hay algunos convencidos de que el discurso de Ortega y la cúpula del FSLN es sincero y dicen que los ex guerrilleros no cometerán los mismos errores del pasado, que es necesario darles oportunidad de enmendarse porque han aprendido las lecciones recibidas en el pasado y, en el fondo, siempre han querido el bienestar del pueblo nicaragüense. Pero si es así, ¿por qué esperar hasta ganar la Presidencia para comenzar a mostrar ese cambio? ¿Por qué no deponer la manipulación de grupos sociales como buseros y universitarios que les sirven como instrumento de guerra contra el gobierno democrático de turno? ¿Por qué no pronunciarse a favor de medidas comerciales que favorecen el desarrollo económico y la democracia como por ejemplo, el tratado de libre comercio entre los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta por sus siglas en inglés)? ¿Por qué, si los sandinistas han aprendido a ser demócratas no votaron a favor del DR-Cafta? No sólo eso. ¿Por qué, a pesar de que la Asamblea Nacional ha aprobado democráticamente este tratado comercial, sus organizaciones de masa como el Frente Nacional de los Trabajadores (FNT) ha introducido un recurso de inconstitucionalidad contra el mismo?

Todo eso se debe a una razón sencilla: los sandinitas no han cambiado. Son marxistas “hasta las cachas”. No es cierto que sean democráticos. Al jugar no ponen todas las cartas sobre la mesa sino que se reservan algunas debajo de las mangas de sus camisas. La imposición del marxismo y de un gobierno de orientación dictatorial es su meta. Ortega ve en hombres como el dictadorzuelo de Venezuela, Hugo Chávez, el paradigma de gobernante que él sueña ser. Por ejemplo, le encantaría que lo llamaran “el hombre fuerte de Nicaragua” o algo por el estilo. El modelo chavista le cae como anillo al dedo para seguir cometiendo abusos impunementes. Esta es su doctrina de vida, su verdadera identidad. Todo lo demás es nada más que mascaradas.

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