Historias y más historias de Granada

Uriel Cuadra Argüello*[email protected]

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Historias y más historias de Granada


Uriel Cuadra Argüello*
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Una señora que pesaba más de 450 libras le preguntó a un cochero que por cuánto la llevaba a la estación, a lo que el auriga respondió: “señora sólo que la lleve en dos viajes”. “Dejate de bromas”, le dijo ella, y él contestó: “Súbase mientras yo le tapo los ojos a los caballos”. La rapidez en preguntas y respuestas es la forma del granadino, no se dilata en pensar y hablar, pues la mayoría de la gente habla y después piensa. ¿Está correcto?

Como he dicho en artículos anteriores, creo que esta agilidad mental es fruto de las vibraciones que producen las continuas olas del Cocibolca, de los benditos vientos que llegan desde Zapatera enriqueciéndose en las isletas con el aroma de la vegetación exuberante que en esta región impera, que es incomparable con la de otras regiones y aún de esta misma zona.

Así es porque es así. Rafael Cuadra (“Papá Fai”), alcohólico de nacimiento, decía que el bebía por culpa de su mamá, pues cuando era chiquito le puso un babero que decía “Bebe”.

De cualquier parte el granadino siempre saca un presente y un futuro, que ya sean separados o juntos provocan risa. De La Merced hacia el estadio de beisbol “Majulia”, existía un pulpería que se llamaba “La sin rival”. Doña Camilita era la que elaboraba la mayor parte de las delicias al paladar que ahí se vendían. Hacía unas empanaditas de harina y al final, en una de las dos esquinas, la de abajo que estaba abierta, ponía su boca y la soplaba: panzoncitas, panzoncitas, como que tuvieran 7 meses ¡Qué barbaridad! Si Salubridad si hubiera dado cuenta, la habría condenado a soplar perpetuamente diez millones de popas al terminar su labor. Y ella, al verlas a todas horneadas comentaba: “se terminó la labor de este día”.

El tiempo cambió y se ven los nubarrones. Parece que va a llover, hay vientos que ahora soplan del Mombacho, el papá de las isletas, el más prolífero de los volcanes pues se parece a don Valeriano Torres, “Cutacha de Mano”, otro granadino de gran renombre y padre de más de cien hijos. Ahí va y ahí viene el viento que inspira, que da fortaleza mental, el que hace temblar los árboles y les arranca hojas. Sólo al calvo no maltrata pero lo hace pensar mejor, se la pone bien lucia para que le quede bien el partido que le hacen en la cabeza, ya sea con lápiz o con tinta.

Siguiendo el rumbo hacia el estadio de béisbol Majulia, allí ocurrió el acto de salvajismo de un Guardia Nacional al que llamaban “Pisero”. Este, que parecía un ser salido de las cavernas, era el encargado de poner orden en cada uno de los partidos de beisbol. Al parecer poco había estudiado y era como algo perteneciente al imperio romano, o tenía las “finas” maneras de la gente de Tiburcio Carías en Honduras. Era de la misma escuela mortífera del Campo de Marte de la G.N. en Managua. Apartaba a la gente que se metía en la raya entre primera base y el home plate, con la culata de su rifle apoyado en la cintura, la bayoneta calada y el chilillo en mano, en una carrera entre ambas bases. Se había graduado en París en la universidad de la Guillotina.

* El autor es ingeniero

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