Pedro J. Chamorro B.
Nadie puede negar hoy en día en Nicaragua, que el desarrollo turístico representa una importante fuente de divisas para el país y más aún se perfila su potencial en el futuro.
Pero el turismo es una industria frágil que puede sufrir tanto por los embates de la naturaleza —de los que no tenemos control— como una erupción volcánica, un huracán o un terremoto, así como por la mano del hombre en la búsqueda insaciable para explotar los recursos naturales, sin meditar las consecuencias.
Es el caso de un pequeño lugar en la Isla de Ometepe llamado San Ramón que cuenta con una belleza paisajística espectacular, lo cual ha motivado en los últimos 10 años a varios inversionistas a realizar importantes inversiones allí, para aprovechar de manera autosostenible ese regalo de la naturaleza, entre las que se destacan la Estación Biológica de Ometepe y el nuevo Hotel San Ramón, que aún no ha sido inaugurado.
Hace unos tres años frente a la Punta San Ramón, donde se producen las mayores profundidades del Lago de Nicaragua, idóneas para la crianza de tilapias, se instalaron unas enormes jaulas ante la cerrada oposición de los ambientalistas y del Gobierno Municipal de Altagracia. La empresa Mares Nica Noruegos, S.A. (Nicanor) estableció dichas jaulas en base a una concesión para la crianza de tilapias otorgada por el Mific.
Aunque las jaulas y todas sus boyas, anclajes, cadenas, constituyen un peligro para la navegación porque están ubicadas en rutas náuticas naturales del Lago de Nicaragua y se puso en aquel entonces la denuncia ante la Dirección General de Transporte Acuático (DGTAN) del MTI, no fueron removidas del lugar.
Por un tiempo el desarrollo turístico convivió sin mayores problemas con el proyecto de tilapias, amén de las consideraciones ecológicas de todos conocidos. Pero como a los señores de Nicanor les fue bien, solicitaron una ampliación de la concesión al Mific, la cual les fue otorgada sin demoras y sin mayores trámites o estudios de impacto ambiental, en febrero del 2005.
Hace unas semanas un barco chatarra, que bien podría catalogarse como una “bola de sarro” permanece fondeado frente a San Ramón instalando las enormes anclas que servirán para sostener un conjunto de jaulas de tilapias y boyas que rompen la belleza paisajística del lugar, poniendo en peligro las inversiones turísticas que un grupo de ciudadanos nicaragüenses y extranjeros entre los que figuran, René Molina Valenzuela, Erwin González, César Riguero, Carlos Coronel Kautz, William Rovin y Ana María Adamo, han realizado en el lugar apostando a su potencial turístico.
El equivalente a esto sería que toda la costa de San Juan del Sur o del Hotel Barceló Montelimar fuese bloqueada por un proyecto semejante, algo así como un gallinero de tilapias. Ambos son autoexcluyentes, porque el proyecto de tilapias arruina la razón de ser del proyecto turístico y atenta contra la libre navegación porque bloquea con boyas, cadenas y jaulas las costas.
La vocación turística permanente y natural de un lugar tan bello como San Ramón es echada a perder, tristemente, por una inversión temporal y mundana, que además contamina las aguas de nuestro gran Lago de Nicaragua con desechos fecales. Son dos mundos antagónicos, no complementarios.
Otra inversión complementaria de gran envergadura que se ha realizado y que está en peligro de fracasar por este proyecto de tilapias en expansión, es el Muelle y Marina Ruta del Tránsito, ubicado en el kilómetro 139 de la Carretera Sur, el cual ha sido construido para acceder a lugares paradisíacos como San Ramón, Solentiname y Río San Juan desde el punto más al sur del Lago de Nicaragua accesible por la carretera.
El Gobierno de Nicaragua que tanto se ufana de promover la inversión, particularmente en el campo turístico, debe revertir esta concesión a Nicanor o en todo caso, mandarlos a una área de la Isla de Ometepe, como La Tijereta o Tichaná, donde no entren en conflicto con la vocación turística de la Isla ni con proyectos existentes, que estaban allí mucho antes que los noruegos decidieran que San Ramón era un sitio idóneo para la crianza de tilapias.
Nunca pensé que las tilapias se fueran a comer a los guapotes porque son los guapotes los que comen a otros peces porque son carnívoros. Dicen que las tilapias se comen los huevos de los guapotes, lo que sí es seguro es que las tilapias bien se pueden comer la gallinita de los huevos de oro: el turismo.
El autor es concejal y presidente de la Comisión Especial de Medio Ambiente de la Alcaldía de Managua. Fue ministro de Turismo.