Mejorando nuestra educación universitaria

Diego Alejandro Montiel Morales

Existe la preocupación de que las universidades están formando jóvenes que una vez graduados tienen problemas para encontrar trabajo por:

1) Tener una educación que no satisface los requerimientos de las empresas. 2) Por la competencia generada por la cantidad de graduados en determinadas materias. Y, 3) Porque no saben buscar trabajo y exponer de qué manera pueden ser útiles a una empresa.

Existe asimismo una solución simple:

1) Las universidades deben de llevar estadísticas sobre sus alumnos: a. ¿Qué porcentaje de alumnos tenían trabajo al salir de la universidad? ¿Un año después? ¿Tres años? De esos, ¿cuántos tenían trabajo en su área de estudios? ¿Qué apoyo recibieron de su Alma Mater? ¿Hicieron ferias de colocaciones? ¿Dieron asistencia para la preparación de currículos? ¿Les enseñaron a dar una buena entrevista?

b. ¿Cuál era su salario inicial? ¿Cuánto ganaban un año después? ¿En cinco años? ¿Cómo ayudó la universidad a conocer el ámbito laboral? ¿Seminarios? ¿Pasantías?

c. ¿Qué porcentaje de sus estudiantes termina su carrera? ¿Cuánto tiempo les toma hacerlo? ¿Otorgan títulos a estudiantes deficientes? ¿Tienen estudiantes eternos? d. ¿Cuántos nuevos empresarios formaron en ese año? ¿Qué esfuerzos hizo la universidad para formar empresarios?

2) Ligar la asignación del 6 por ciento al desempeño de cada universidad y no sólo a la cantidad de estudiantes.

Las universidades tendrían preocupación real en brindar a sus alumnos la educación que les permita conseguir trabajo y ayudarlos a colocarse y con buenos salarios para mejorar su rating. Probablemente esto significaría un acercamiento entre los decanos y el Cosep para saber qué conocimientos son los que los empresarios valoran en sus candidatos y se enfocarían en ello, así como en formar empresarios.

Los pensum académicos podrían ser reformados para incluir esas áreas en que se necesita fortalecer a los estudiantes, como por ejemplo ética, capacidad para razonar, matemáticas, relaciones interpersonales, idiomas, ortografía y redacción o comunicación, entre otros.

Aquellos cursos que los empleadores no valoren tendrán una prioridad inferior. De la misma manera, se enfocarán más en aquellas carreras cuyo mercado no esté saturado. Eso beneficiará a todos.

Las medidas anteriores deberían ser la primera prioridad del CNU, y este a su vez debería de ser supervisado por la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN). Estos últimos deberían de ser los más interesados en exigir que las universidades apoyen a los estudiantes, que se lleven a cabo estas estadísticas que reflejen los esfuerzos y logros de cada universidad, por carrera y que las cifras suministradas sean ajustadas a la realidad. Podrían y deberían promover el acercamiento entre universidades, docentes y empresarios. Esto merecería el respeto de toda la población, así como el agradecimiento sincero de la empresa privada y la comunidad universitaria. Estudiantes, acérquense a sus representantes y exijan que velen por sus intereses. Así pues, ¡manos a la obra!

El autor es consultor en Efectividad Organizacional y catedrático universitario

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