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El veneno de la xenofobia
Las relaciones entre Costa Rica y Nicaragua se han deteriorado últimamente, primero por la demanda que el gobierno costarricense presentó contra el Estado nicaragüense en la Corte Internacional de Justicia, de La Haya, por el reclamo de su inexistente derecho a navegar con hombres armados sobre el río San Juan, y después por el caso del nicaragüense que murió en Cartago, destrozado por perros furiosos ante la mirada indiferente de policías ticos que pudieron haber impedido el espantoso hecho, pero no lo hicieron.
Ahora el deterioro de las relaciones entre ambos países ha empeorado, debido al asesinato por linchamiento de otro nicaragüense, esta vez a manos de ciudadanos costarricenses que el único motivo que tuvieron para quitarle la vida fue que se trataba de un “nica”, o sea que lo asesinaron por pura xenofobia. De manera que ahora nadie podrá tratar de justificar el crimen con el alegato de que se trataba de un ladrón sorprendido en una actividad delictiva, pues en este caso la víctima era una persona honrada y trabajadora, cuyo único “delito” fue ser nicaragüense.
Después del horrendo caso de los perros que despedazaron al infortunado nicaragüense, en presencia de personas costarricenses que no hicieron lo necesario para evitarlo, se celebró en Granada, Nicaragua, un encuentro de periodistas de ambos países para intercambiar opiniones acerca de cuál debe ser el mejor tratamiento de los medios de comunicación a estos hechos, para no exaltar los ánimos ni alentar la xenofobia que es el mal más perverso que afecta las relaciones entre los pueblos.
En ese encuentro participaron miembros del equipo periodístico de LA PRENSA, quienes expusieron la posición profesional y ética de este Diario, de informar con veracidad y responsabilidad, así como de promover la amistad entre los pueblos de Costa Rica y Nicaragua y por lo tanto de rechazar la venenosa pasión de la xenofobia. E igual posición presentaron los periodistas costarricenses que participaron en el encuentro de Granada.
Desafortunadamente, hechos como el linchamiento del trabajador nicaragüense José Ariel Urbina arruinan cualquier esfuerzo de los medios de comunicación y los periodistas para mejorar las relaciones entre los pueblos de ambos países. Y es lamentable reconocer que la xenofobia se ha extendido y profundizado demasiado, lo cual debería motivar a los gobiernos y a todas las personas de buena voluntad de los dos países, a hacer y unir más y mejores esfuerzos para disuadir y combatir la aberración xenofóbica en todas sus manifestaciones.
Las autoridades gubernamentales costarricenses deberían pronunciarse de manera más explícita y enérgica contra la xenofobia antinicaragüense que hay en Costa Rica, y castigar severamente a quienes cometen acciones criminales impulsados por el odio a los nicaragüenses. Y deberían abstenerse —los gobernantes costarricenses—, de hacer bromas e ironías o de pronunciar frases de doble sentido —como las que dijo el presidente Abel Pacheco acerca de que los perros no le preguntan a nadie si es nica, antes de atacarlo—, que se prestan a negativas interpretaciones y a exacerbar los ánimos.
Por su parte el Gobierno de Nicaragua, aparte de cumplir con su deber de pedir al Gobierno costarricense que investigue debidamente los crímenes antes mencionados, y que castigue a los culpables con todo el rigor de la ley y la justicia, también debería hacer una campaña para aconsejar a los nicaragüenses que viven en Costa Rica a ser prudentes, a tomar las medidas de precaución necesarias y evitar provocaciones; y para que, si se les hace imposible seguir viviendo en esa tierra ajena, que regresen a su Patria donde pueden pasar más privaciones pero al menos nadie los despreciará por ser nicaragüenses.
En la xenofobia es uno de los peores males de nuestro tiempo y en ella se manifiesta la más baja calidad humana, moral e intelectual. La xenofobia es una manifestación brutal de odio al prójimo y de búsqueda en quien descargar el vacío existencial, los fracasos personales y los complejos psíquicos. Pero a la xenofobia de un lado no se le debe combatir con xenofobia de la otra parte, sino con madurez emocional, con tolerancia, con educación en valores, con información veraz y promoción de la amistad entre los pueblos. Lo cual no excluye la obligación de exigir justicia en los casos de las personas que han sido víctimas mortales de la furia xenofóbica.