Benjamín Pérez Fonseca
Ya acostumbrado a la paz de mi retiro, con la conciencia tranquila y recibiendo con frecuencia y por doquier elogios y felicitaciones por la independencia y apego a la legalidad que caracterizaron a mi mandato (y de lo cual son testigos Dios, mis seres queridos y mis buenos amigos) al ser elegido primer Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos ; y observando y hasta disfrutando de las maromas y demás actividades circenses, como actúa y se desarrolla nuestra clase política, me causó gran sobresalto un artículo aparecido en un medio de circulación nacional, el viernes 25 de noviembre, salido de la siempre brillante pluma del más docto en Derechos Humanos de Nicaragua, doctor y Master don Rodolfo Pérez García, en el cual como l Júpiter tonante despotrica y fulmina a la PDDH, desde su fundación hasta el presente.
Confiado en que la inexplicable ira del eminente crítico haya pasado de mar agitado a aguas mansas, le contesto procurando ser lo más breve posible. Como en todo, las opiniones son variadas, don Rodolfo nos condena pero muchos nos elogian. También afirma que yo tenía empleadas una cantidad considerable de personas y familiares que no sabían nada de Derechos Humanos, lo cual es falso, y para acreditarlo me remito al testimonio de los que estuvieron y están en la PDDH.
Conocí a don Rodolfo en un evento en Honduras, en 1999, donde fue pródigo en elogios a mi persona y a la suya misma por su reciente doctorado en Derechos Humanos, obtenido en España, por lo cual le felicité sinceramente, y hasta recibimos capacitaciones —que él facilitó— en la UNAN-León; como también las recibimos de las procuradurías antes creadas en Honduras y Guatemala.
Como es notoria la preocupación de don Rodolfo por nuestra institución de Derechos Humanos, yo estimo justo y conveniente para Nicaragua que el mencionado doctor Pérez García ttenga la oportunidad de hacer suya una participación de mayor nivel en materia de Derechos Humanos.