E. Arturo Castro [email protected]
Contrario a la mayoría de los editoriales del Diario de los Nicaragüenses, el titulado “Ética, estética y verdad”, publicado el pasado 25 de noviembre, me pareció extremadamente superficial. Reconozco que el tema es demasiado extenso y complicado como para tratarlo en un solo editorial, pero precisamente por eso debió de haberse hecho, o más profundo, o no hecho del todo, pues a como fue redactado, confunde más de lo que aclara.
Tanto para la ética como para la estética hay que recordar por lo menos dos cosas: que el mundo no es un conjunto homogéneo, y que lo que es permitido en, por ejemplo, los países árabes, puede ser “indecoroso” en China, o viceversa.
Otra cosa que si bien es cierto el editorialista mencionó, lo hizo demasiado superficialmente: las modas y ciertas costumbres son regidas por un grupo de acaudalados interesados en vender su mercadería, no en si lo que venden es bueno o malo, bonito o feo. El diseñador de los pantalones cholos, para usar el mismo ejemplo, no habrá de haber gustado de los mismos, pero le trajo dinero. De eso, y nada más de eso, se trata. Inclusive, ya en Nicaragua la corrupción se ha convertido en parte de la “cultura”. Si nos descuidamos serán los honestos quienes sean los aberrados, porque a como está nuestro sistema judicial (pero no sólo ése), ya casi nadie se sorprende de nada. Y eso es lo malo.
Por eso, señores de LA PRENSA: más acuciosidad y por favor no desmayen en denunciar la corrupción. Ya la clase honrada en Nicaragua es casi un dinosaurio en vías de extinción. Pero vale la pena mantener con vida a ese dinosaurio.