Wilder Pérez [email protected]
El huracán Beta podría ser catalogado como un huracán misterioso en un futuro, ya que además de haber escapado a las predicciones científicas, no existen registros de cuánta agua dejó caer tras impactar en Nicaragua.
El Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) emitió ayer un informe sobre el paso del huracán en el país, que no dispone de los datos acerca de sus precipitaciones en La Barra del río Grande, municipio que recibió el impacto del fenómeno natural.
El informe señala esta carencia de datos, se debe a que en esa zona ubicada al norte de la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS) casi al centro de la costa caribe de Nicaragua, no existen estaciones meteorológicas.
Esto fue confirmado por el director del Ineter, Claudio Gutiérrez, quien admite se trata de una gran deficiencia de la institución, que ha logrado algunos avances en la cobertura nacional, gracias a la caridad internacional.
“Casi todas las estaciones están en el Pacífico, porque se trató de un proyecto que buscaba darle seguimiento a las sequías, pero no tenemos en la Costa Atlántica. Necesitamos estaciones telemétricas automáticas por lo menos en Waspam, El Tortuguero, Corn Island y Las Minas, son por lo menos cinco, que sumadas estaríamos hablando de una inversión de 175 mil dólares”, comentó Gutiérrez.
Así, por ejemplo, si uno se deja guiar por los datos registrados, encontrará que las máximas precipitaciones provocadas por Beta estuvieron en el cerro Musún, Río Blanco, con 194.4 milímetros y luego en Bonanza, Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), con 175 milímetros en un día.
Por el contrario, en la RAAS, jurisdicción de La Barra de río Grande, llovió 75 milímetros, apenas sobre el promedio del resto del país, que estuvo próximo al de San José de los Remates, con 63.4 milímetros. Esto deja a Beta con precipitaciones menores incluso que el huracán Fifí y la tormenta Alleta, con menos fortaleza. Tampoco se conocerá con certeza si es comparable al Joan.
Las cifras demuestran la disparidad de precipitaciones entre las zonas cercanas a las afectaciones y el resto del país, ya que, por ejemplo, en el pacífico el lugar donde más llovió fue en Achuapa, llegando a los 34 milímetros.
El informe indica que eso se debió a la presencia de dos sistemas de altas presiones, conocidos también como anticiclones, ubicados uno en el mar Caribe y otro sobre el norte de América Central, que definieron el rumbo errático del huracán y causaron la disparidad de las lluvias.
SIN RADARES
El paso del huracán Beta puso en evidencia la fragilidad tecnológica de Nicaragua, en materia de seguimiento a huracanes. No dispone de radares “doppler”, que vigilan milimétricamente y en tiempo real, el movimiento y desarrollo de estos fenómenos climáticos en un radio de 300 kilómetros. Cada radar —según Claudio Gutiérrez, director de Ineter— cuesta dos millones de dólares, y el país necesita tener en Corn Island, Bilwi y Carazo.