No es culpa de los banqueros

Eduardo Enríquez

Los banqueros son como los abogados (y como los periodistas) es difícil encontrar a alguien que diga algo positivo de ellos. Es fácil tomarlos de chivos expiatorios. Por eso ahora que todo mundo quiere dinero del Presupuesto de la República para satisfacer sus intereses, lo más “chiche” es cuestionar el pago de la deuda interna que se hace a los banqueros.

A simple vista, uno puede decir que ante la necesidad de pagar a maestros y o pagar por medicinas y carreteras, pues el pago a los banqueros parece prescindible. Incluso dejar de pagarles parece moralmente justificable.

Pero, ¿es así de sencillo? Tratando de no pecar de ingenuo, pues estoy claro que de todo lo que se dice de los banqueros algo —o mucho— debe ser verdad, pues no son hermanitas de la Caridad, creo que el análisis no debe ser tan simple.

Si comenzamos por el principio, habrá que preguntarse por qué tenemos esta deuda. La deuda interna es de US$1,700 millones, principalmente conformada por los bonos de indemnización (a las propiedades confiscadas) y las quiebras bancarias, entre las que destaca el Interbank.

Debemos recordar, entonces, que el Estado de Nicaragua tuvo desesperadamente que asumir deudas para pagar por las propiedades injustamente confiscadas por el Gobierno sandinista en la década de 1980, y luego para evitar que los ahorrantes que tenían su dinero en los bancos que quebraron se hundieran junto con ellos. Creo que no se necesita mucho seso para darse cuenta que si esos ahorrantes hubiesen quedado en la calle, todo el sistema financiero del país se hubiera venido al suelo.

En la década de los 90 y a principios de ésta, era difícil vislumbrar otra alternativa que no fuera el endeudamiento interno para cubrir estos problemas. Había que dar la imagen de estabilidad económica, pues si nuestra economía daba indicios de estar aún más enclenque, ni los más osados se hubieran atrevido a invertir.

Ahora, alguien puede decir que los intereses de los Ceni fueron demasiado altos. Es cierto, ¿pero quién estaba dispuesto a poner plata en Nicaragua en esos años, si no era asegurándose un retorno espectacular?

Además, si el problema es el interés, entonces a los que deberíamos estar cuestionando es a las autoridades del Banco Central y del Ejecutivo de aquel entonces. O sea a don Noel Ramírez y a don Arnoldo Alemán. Y antes que ellos habría que estar cuestionando a don Daniel Ortega, que constituyó en política de Estado el robo de propiedades, y ahora nosotros estamos pagando por esos desmanes.

El argumento de que se debe negociar una mejor tasa de interés es válido. Incluso ya se ha hecho, pues los intereses eran tan monstruosos que de no haber sido así, el servicio de la deuda interna sería inmanejable para el Presupuesto de la República.

Sin embargo, hay que ser más responsable a la hora de poner esos planteamientos sobre la mesa. Comencemos por llamar al pan, pan, y al vino, vino.

Si nos casamos con el argumento simplista de que los culpables de todo esto son los banqueros, estaremos haciéndonos un doble daño. No pagar la deuda enviaría un mal mensaje a la comunidad financiera nacional e internacional, pero además estaríamos librando de culpa a los verdaderos responsables de esta situación.

Señalemos a los verdaderos responsables y pidámosles, como ciudadanía, cuentas a ellos, mientras se pide a la banca un mejor trato, pues la inviabilidad económica del país no es opción.

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