Acoso chavista a libertad de prensa

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Acoso chavista a libertad de prensa





El martes de esta semana, efectivos militares que acompañaban a funcionarios del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria de Venezuela (Seniat), allanaron las instalaciones del diario El Impulso, de Barquisimeto, desalojaron por la fuerza a su personal e impidieron su publicación, por un supuesto error en el registro de los impuestos del diario cometido en el año 2002.

Por “casualidad”, la violenta acción gubernamental contra el periódico El Impulso, que constituye sin dudas de ninguna clase un brutal atropello a la libertad de prensa, se produjo después de que el presidente de dicho diario, Juan Manuel Carmona —quien es vicepresidente regional por Venezuela de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)— presentó ante la asamblea anual de este organismo que se reunió a principios de mes en Indiana, Estados Unidos, un informe en el que denunció las dificultades que sufren los medios de comunicación de su país bajo el régimen del presidente Hugo Chávez.

Al respecto la SIP ha venido denunciando durante los últimos años, que la prensa independiente de Venezuela es víctima de la hostilidad de la dictadura de Hugo Chávez, que “restringe significativamente los derechos de informar y ser informado”. Y ahora, en cuanto a la acción militar perpetrada esta semana contra el diario El Impulso, la SIP expresó que cuando las sanciones administrativas por aspectos tributarios se utilizan para silenciar medios de comunicación, “esta práctica se convierte en censura”.

En realidad, aun suponiendo que fuera cierto que la administración de El Impulso cometió un error de forma en la elaboración de una factura — cual fue el pretexto gubernamental para castigar al diario con el allanamiento militar, desalojo violento de su personal, cierre por 24 horas y multa de 30 millones de bolívares equivalentes a unos 13,900 dólares— eso no justificaría semejante atropello a la libertad de prensa. Además de que el presidente del diario barquisimetano reprimido por el régimen chavista ha asegurado que es falsa la acusación, como lo puede demostrar ante al tribunal correspondiente.

Juan Manuel Carmona expresó, después de la brutal agresión militar y fiscal de la dictadura procomunista de Chávez contra el diario El Impulso, que se trata de una represalia “por los editoriales críticos y el informe que (él) presentó recientemente en la SIP en el que alertó sobre los riesgos de la libertad de prensa en el país”. Mientras que Gonzalo Marroquín, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP y director del diario guatemalteco Prensa Libre, expresó al respecto que “el gobierno del presidente Hugo Chávez se ha caracterizado por perseguir y acosar a periodistas y medios independientes y, sin duda, esta situación viene a elevar el nivel de preocupación que mantenemos sobre la situación en Venezuela”.

Lo que está ocurriendo en Venezuela, evidentemente, es una marcha acelerada hacia el totalitarismo comunista. Chávez quiere imponer en Venezuela una copia del degradante sistema opresivo que impera en Cuba desde hace 46 años y que ha convertido a este país en la más grande prisión mundial de periodistas, quienes son condenados hasta a 30 años de prisión por tratar de ejercer el derecho a la libertad de prensa que está consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, de las Naciones Unidas, organismo mundial al que pertenece el régimen totalitario de Fidel Castro pero en el cual sólo unas cuantas voces lo condenan mientras la mayoría lo aplaude de manera infame y vergonzosa.

Al solidarizarse con el periódico venezolano reprimido por la dictadura chavista, lo mismo que con los periodistas cubanos que se pudren en las mazmorras comunistas de Fidel Castro, LA PRENSA le recuerda a los nicaragüenses que lo mismo que Chávez y Castro están haciendo en Venezuela y Cuba contra la libertad de expresión y de prensa, es lo que hizo la dictadura de los comandantes sandinistas en Nicaragua durante los años de 1979 a 1990.

Y sin duda de que es lo mismo que harían Daniel Ortega y el FSLN en el caso de que volvieran a ejercer todo el poder, como lo hicieron en los años turbios y oscuros de la revolución sandinista; algo que los nicaragüenses amantes de la libertad y el progreso no debemos permitir que vuelva a ocurrir jamás.

Editorial
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