La mercado- orientalización del Club Terraza

León Núñez

Hace varios años escribí en La PRENSA un artículo sobre las categorías sociales en Nicaragua, y me referí en ese artículo a la tesis de un amigo que agrupaba a los nicaragüenses en cuatro clases sociales: los de primera, los de segunda, los de tercera y la chusma, la plebe.

También expliqué en ese artículo que de conformidad con esta tesis en cada clase se podían distinguir tres categorías. Por ejemplo, en los de primera había gente de primera de primera, de segunda de primera y de tercera de primera; en los de segunda existían personas de primera de segunda, de segunda de segunda y de tercera de segunda; así como en los de tercera había gente de primera de tercera, de segunda de tercera y de tercera de tercera.

En mi caso concreto, mi amigo me manifestó —probablemente disgustado conmigo— que quizás yo era aristócrata en Acoyapa, pero que en Managua era chusma, sin precisar si yo era chusma de primera, chusma de segunda o chusma de tercera. A decir verdad, fue después que conocí la mencionada tesis cuando tomé conciencia de que mi condición de aristócrata no traspasaba las fronteras de Chontales.

A partir de entonces siempre pensé, en mis viajes de Chontales a Managua, que cuando salgo de Acoyapa salgo siendo aristócrata y cuando llego a Managua llego siendo plebeyo. Por consiguiente, en estos viajes sufro una crisis de plebeyización, plebeyización que se acelera en la medida en que me voy alejando de Chontales.

Por el contrario, cuando viajo de regreso de Managua a Acoyapa mi transformación es a la inversa, pues salgo de Managua siendo plebeyo y llego a Acoyapa siendo aristócrata. Por lo tanto, en este viaje de regreso se opera en mi persona un proceso de aristocratización, aristocratización que se incrementa en la medida en que me voy alejando de Managua y me voy acercando a Chontales.

Quiero aclarar que cuando hablo de Managua, hablo de la ciudad de Managua, y no de otras poblaciones del departamento de Managua. Y hago esta aclaración porque existe la posibilidad de que algún lector despistado piense equivocadamente que los aristócratas de Acoyapa también nos convertimos en plebeyos cuando estamos en Tipitapa, Ciudad Sandino o Mateare.

Ahora bien, algunos amigos míos, pertenecientes a la aristocracia de Managua, tal vez porque les da lástima mi condición de miembro de la chusma capitalina, me propusieron que me convirtiera en aristócrata de Managua. ¿Qué debo hacer para ser aristócrata en Managua?, les pregunté. Me dijeron que me hiciera socio del Club Terraza.

La idea no me disgustó, pero me encontré ante todo con un problema genealógico. Tenía que buscar algún linaje en el cual debía ubicar a mis ascendientes para fundamentar mi condición aristocrática, porque no es posible, pensé para mis adentros, que un aristócrata de Managua no tenga entre sus antepasados a algún destacado miembro de la nobleza europea.

Mientras cenaba en el Club Terraza, invitado por tres amigos aristócratas, y todavía indeciso de si yo debía emparentar con algunos nobles de la Casa de Austria o de la Casa de los Borbón, llegaron a cenar varias personas de aspecto aplebeyado, y ante la pregunta de quiénes eran, uno de mis amigos me contestó que eran del Mercado Oriental, a la vez que me informó que en realidad el Club Terraza estaba propiciando un gran ascenso social, porque los dueños de los tramos del citado mercado, los muy ricos, con ansias de abolengo, vivían codeándose en el club con lo más rancio de nuestra aristocracia criolla con el objetivo de llegar algún día a formar parte de la realeza nicaragüense.

Después que se me explicó detalladamente el fenómeno de la mercado-orientalización del Club Terraza, alguien expuso que este fenómeno estaba creando un problema bastante serio, pues ahora los socios del mencionado club se clasifican en aristócratas de primera, aristócratas de segunda y aristócratas de tercera, clasificación que no existía cuando todavía no había aparecido el fenómeno mercado-orientalizador.

Yo les manifesté a mis aristocráticos amigos que esta división de la aristocracia de Managua me impedía tomar la decisión de convertirme en aristócrata capitalino, porque corría el riesgo de ser clasificado en la última categoría, razón por la cual prefería seguir siendo en Managua plebeyo de primera que aristócrata de tercera.

Por otra parte, para fundamentar mejor mi negativa a ser socio del Club Terraza, les dije a mis anfitriones, en primer lugar, que me había dado cuenta de que los aristócratas de primera del Terraza iban a fundar otro club, más exclusivo, y en segundo lugar, les dije que tenía la impresión de que si yo aceptaba ser en Managua aristócrata de tercera, mi alcurnia chontaleña bajaría de nivel, porque de lo que no cabe la menor duda es de que somos de mejor estirpe los aristócratas de primera de Acoyapa que los aristócratas de tercera de Managua.

A la salida del Terraza, de regreso a mi casa, estuve reflexionando sobre la gran utilidad de la tesis clasificatoria de mi amigo, tesis que es aplicable a todos los temas de la vida nacional, incluyendo tanto el tema de las clases sociales en general como el tema de la aristocracia y de la plebe.

El autor es abogado y escritor.

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