Globalización y turismo

Mario Alfaro Alvarado

“Para no hablar sólo de ideas y conceptos abstractos, hay que decir que la actual globalización son los aviones jumbo ó 747, el internet, las computadoras, los barcos más rápidos , la televisión vía satélite, las tarjetas de crédito internacionales, los celulares, el fax, y el correo electrónico”. Así define el economista mexicano Luis Pazos, la globalización.

A esta lista de “portentos” de la tecnología, a la cual se irán agregando otros componentes, habría que sumarle el turismo, la industria más generalizada del mundo: países grandes y ricos compiten por el turismo con países pequeños y pobres y todos ellos derivan beneficios nada despreciables.

El turismo es el gran fenómeno socio-económico de los tiempos actuales. Opera como un promotor de bienes y servicios que genera trabajo y riquezas. Todo lo que se gasta en la infraestructura de un país para atender la demanda creciente del turismo es ganancia acumulada, es capital, es riqueza.

El turismo, más que el intercambio comercial, ha terminado con el aislamiento de las naciones y los pueblos. La gente, no importa de que país sea, aprovecha el turismo y, a la vez, practica el turismo. Las comunicaciones, los medios variados y cómodos para viajar, promueven el turismo.

El turismo abarca al mundo entero. Adonde llega el turismo llegan también los adelantos de la tecnología moderna. Las ganancias del turismo —pues deja ganancias dondequiera que tiene presencia— se invierten en producir bienes y servicios que los turistas demandan, desarrollan nuevas industrias, acrecientan el intercambio comercial, globalizan la cultura y las relaciones entre personas y entre naciones.

Pero, además de todo eso, el turismo como la globalización o la globalización del turismo, si así se prefiere, es inevitable, es irrechazable. Nadie puede estar demente para rechazar el turismo y propiciar el aislamiento. Para rechazar el turismo habría que rechazar todos los beneficios aportados por la tecnología. ¿Es posible dejar de escuchar la radio, ver televisión, viajar en aviones modernos, usar tarjetas de crédito, usar celulares, etcétera, etcétera?

Después de este exordio o presentación, produce hilaridad la alharaca que la demagogia ha armado en torno al río San Juan. Se habla de soberanía, de intenciones ocultas, de trampa internacional y de muchas otras cosas más que sólo existen en la imaginación tropical de algunos exaltados. Todo eso causa hilaridad porque el San Juan pertenece a Nicaragua y seguirá perteneciendo, nadie puede arrebatárselo. Por otro lado es deplorable el tiempo que se pierde en una disputa estéril, a la vez que se pierden de vista las posibilidades que ofrece la riqueza escénica de ese majestuoso caudal cargado de historia, emociones y romanticismo. ¿Por qué no pensar en el uso turístico que se le puede dar al río San Juan? Un San Juan semiabandonado es posible que sugiera sentimientos de inseguridad y lejanía. Pero un río San Juan bien aprovechado turísticamente estará a salvo de intrigas políticas, si es que son éstas las que lo amenazan.

Con una visión digna de mejor suerte, Pedro Joaquín Chamorro Barrios, cuando fue Ministro de Turismo, concibió la promisoria idea de organizar un proyecto compartido por Nicaragua y Costa Rica, para ofrecer al turismo que llega al vecino del sur la oportunidad de desplazarse hacia el vecino del norte en busca de atractivos diferentes. Con este objeto, Nicaragua comenzó a construir una carretera llamada “costanera” que enlazaría las playas de Rivas con las playas del Guanacaste.

¿Qué sucedió con esa carretera? Los enemigos del progreso la dejaron sin presupuesto y la obra está paralizada. En ese empeño hay un reto común para los empresarios del turismo de dos pueblos llamados a caminar juntos, porque juntos existen y juntos han caminado por los senderos de la historia.

El autor es periodista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí