Mario Barquero
Un adagio árabe indica que si uno va por la calle y le gritan ¡mula!, no debe hacer caso y seguir el camino; pero si más adelante por segunda vez le gritan ¡mula!, entonces detenerse un poco y reflexionar sobre lo que le han dicho. Si por tercera vez le gritan «¡mula!» entonces hay que ponerse freno y albarda pues se es mula.
La sociedad civil ha realizado tres marchas en las que el pueblo ha gritado hasta la saciedad en contra del pacto, en contra de la corrupción, en contra de resoluciones judiciales amañadas, en contra de los intereses mezquinos de los políticos criollos. Adicionalmente se han dado múltiples manifestaciones de diversas índole: encuestas, escritos en periódicos, comentarios en sitios públicos y privados, charlas de analistas políticos, asambleas de respaldo a candidatos ajenos al pacto, propuestas de referendo; pero los pactistas —sinónimo de corruptos— no hacen caso. O son sordos o son más tercos que una mula.
A pesar de la sordera o terquedad de mula a la que los pactistas se aferran, debemos continuar las diversas y múltiples manifestaciones a favor de la democracia, la bienandanza del país, la auténtica justicia, por una Corte Suprema de Justicia autónoma y libre de injerencia partidaria, por una Constitución que nos cobije a todos por igual, por un Consejo Electoral compuesto por personas probas. No sólo tres veces más numerosas sino mil o más, hasta que el pueblo —al que dicen representar— le ponga a los corruptos el freno y la albarda.
Vivan las mulas… ¡Pero los cuadrúpedos!