Eduardo Enríquez
Estoy muy contento porque finalmente se aprobó el Tratado de Libre Comercio entre Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta) porque, como he dicho en otras ocasiones, creo que este tratado abre las puertas de un inmenso mercado a los productores nicaragüenses y al mismo tiempo protege a nuestros productos más sensibles.
Sin embargo, no por eso tengo que dejar de señalar las incongruencias de lo que aquí se le llama “la izquierda”, que si en realidad lo fuera habría tenido otra actitud ante la aprobación de ese tratado.
La llamada “izquierda” no podía legítimamente detener la aprobación del DR-Cafta porque la mayoría del pueblo lo quiere, pero se pudo haber hecho sentir, pudo haber demostrado su descontento, cívicamente, pero lo pudo haber hecho.
¿Por qué no lo hizo? Primero porque no son tantos como dicen ser y, segundo, porque los supuestos líderes de esos grupos no responden a los principios de la izquierda sino que obedece las órdenes del caudillo, el secretario perpetuo del Frente Sandinista, don Daniel Ortega, que los controla vía prebendas.
Si no me creen, fíjense. Cuando la orden del caudillo era bloquear la aprobación del DR-Cafta, cada vez que se ponía el tema en agenda, estos grupos llegaban a la Asamblea Nacional gritando y golpeando mesas, colgando mantas y jalándose las mechas en desesperación. Hasta la UNEN —la asociación de estudiantes universitarios afín al Frente Sandinista— había amenazado con salir a la calle con morteros y llantas quemadas si se aprobaba el DR-Cafta, pues decían —sin un ápice de veracidad— que el tratado pone en peligro a las universidades públicas.
Pero el día que se aprobó el tratado ni se aparecieron en la Asamblea. ¿Qué pasó? ¿De pronto la izquierda acepta la apertura de los mercados? No, lo que pasó fue que el caudillo decidió que no había que oponerse a la aprobación del tratado, entonces sus “aliados” ni se aparecieron. Es más, si uno de ellos se aparecía corría el riesgo de caer en desgracia ante los ojos del caudillo, así que mejor se quedaron calladitos. ¿De qué principios pueden hablar estos “izquierdistas”? ¡Por favor!
Lo que me lleva al mismo caudillo. Él dice que la base de su partido es “la dignidad frente al yanqui” o algo por el estilo. Pero ¿ideay? Sólo se necesitó que un yanqui de rango viniera a hablar fuerte aquí para que don Daniel se aflojara.
El mensaje del Subsecretario de Estado de Estados Unidos, Robert Zoellick, hace dos semanas, fue claro: de ninguna manera van a permitir los Estados Unidos a un Ortega en la Presidencia de nuevo, sobre todo si sigue siendo un enemigo acérrimo de Estados Unidos, oponiéndose al Cafta, a la destrucción de los misiles SAM-7 y manteniendo una amistad muy cercana con Arnoldo Alemán y Hugo Chávez.
Como la Presidencia es el único objetivo de don Daniel, entonces inmediatamente repensó su estrategia y decidió aflojarse ante el yanqui.
¿Dónde está la dignidad? Me imagino que don Daniel pensó que la Presidencia (o mantener viva la esperanza) bien vale un poquito de dignidad.
Ahora, no me mal interpreten. Si el señor Ortega y sus aliados de las organizaciones de izquierda justificaran su actitud con base en principios y con dignidad, pues yo les rendiría el sombrero, pero la verdad es que de principios y dignidad no entienden nada, todo lo que les mueve es el oportunismo y las prebendas. Nada más.