Tajona vs. machete

Ernesto J. Marín

Durante la comparecencia del lunes 9 (de octubre corriente) el Presidente de la República tenía la diáfana expresión de serenidad y optimismo, la tormenta parece haber fenecido, ahora instaba a reparar los cuantiosos daños que los políticos habían ocasionado a la indómita Nicaragua.

Finalmente se van despejando los nublados del día. Después de meses continuos de una oscuridad desesperante, surgen ahora los desplantes de saludables relámpagos promisorios y esperanzadoras luces sobre los cerebros de los auténticos protagonistas de la arena política nacional. Don Enrique con su tajona de mosquetero luce rampante frente herrumbroso machete del eterno secretario general.

La conocida paciencia de Job ha sido superada, se ha despertado del profundo sueño de anómala temporada del letargo. Se han reunido los dos, seis o siete horas de continua conversación. La corajuda y noble actitud de la inflexible y envarada columna vertebral de fina artesanía masayense, y la valerosa hidalguía hay que decirlo, del rudo campo chontaleño. La tajona y el machete. Y ahora los resultados, qué belleza ya aprobaron el celebre DR-Cafta, ovaciones. Se van a posponer las famosas y demenciales reformas constitucionales, serán en enero del 2007, habrá que esperar el próximo período presidencial. Hay que respirar profundo para que las palpitaciones regresen al ritmo normal. Ahora el Ejecutivo seguirá llamándose simple y llanamente Poder Ejecutivo, el sofoco de la Asamblea Nacional tendrá que sosegarse, algunos sollozarán, pero los bad boys tendrán que persignarse antes de externar sus opiniones, recuerden por favor al gran Montesquieau. El obeso Poder Electoral, tan dado a flirtear con encubiertos pretendientes, tendrá que reprimirse con una buena dosis de civismo, al mismo tiempo esperamos aceptar qué sucederá en la Contraloría y la honorable CSJ.

El desbordante rebajo tendrá que regresar al cauce normal, el río continuará fluyendo sobre sus huellas originales. Al dinero de la nación no hay que mirarlo con expresión golosa, no hay que gastar la plata ajena como alegres marineros borrachos. Mientras tanto soplemos la pistola humeante y guardémosla dignamente en su cartuchera. La paciencia benedictina ha surtido efecto, nadie se retira lamiéndose las heridas de derrotista, dejémosla cicatrizar para volver a trabajar por los más desamparados.

Ahora habrá que restaurar la autonomía del Gobierno, sin esa autonomía continuará siendo un gobierno acéfalo e inoperante, sin funciones, sin pautas, sin razones de ser. Por eso confiaremos en la bona fide del coreógrafo liberteño e invocaremos las virtudes chontaleñas con sus ríos de leche y cuajadas como piedras, sabrosos pensamientos del vecino de mi niñez en Granada, don Carlos A. Bravo.

Demasiados desechos han pasado, han navegado bajo el puente, mentiras, promesas incumplidas, traiciones, trampas y engaños. Siempre acuerpados por sus leales corifeos, el coro de aleluyas. Ha “ninguneado” hasta decir basta la dignidad del jefe de Estado, con su amaestrada lengua dispuesta a mutilar y destrozar la dignidad y la figura de sus adversarios.

Debemos cruzar los dedos y tocar madera para que en este diálogo se encuentre respeto y condescendencia, para que no resulte similar a lo sucedido en el siglo XVIII, donde los políticos ingleses negociaban con sus colonias comentándoles “Tú me das el reloj, y yo te doy la hora”. No hay que ser un exegeta para decir encontremos la medicina, el remedio o la panacea para alcanzar un honorable entendimiento y normalizar la deteriorada situación del Estado de Nicaragua. Dios nos agarre confesados.

El autor es diplomático.

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