Sergio Vélez Astacio
En la madrugada del 25 de febrero de 1990 descendió el telón sobre uno de los períodos más negros de la historia de Nicaragua, un período que había durado dos años: la dictadura del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Triste historia del saqueo de Nicaragua para el beneficio de unos cuantos.
Los sandinistas hicieron santos a los Somoza después de haberlos visto actuar durante la década oscura de los años ochenta. Qué ironía la de la vida, tanto que hablaron de crimen y corrupción y ellos, los sandinistas, fueron peor en tan sólo 11 años de doctrina comunista; sistema cruel que fracasó, pues fueron falsarios y corruptos, personalizarían el engaño más perverso del que jamás hayamos tenido memoria los nicaragüenses, siendo los causantes del nivel de deuda adquirida por Nicaragua hasta por un monto de 12,500 millones de dólares, deuda que se ha constituido un obstáculo fundamental para el desarrollo y crecimiento sostenible de la economía y el mejoramiento de los indicadores del nivel de vida del nicaragüense, deuda que el Gobierno eficaz de doña Violeta Barrios de Chamorro logró reducir a 6,500 millones de dólares.
La paz, la democracia y la libertad que ahora gozamos los nicaragüenses se debe a la lucha tenaz de un pueblo que no se dejó imponer un sistema antidemocrático.
Estamos en una nueva era, una etapa en la que hay que darlo todo para crear una nueva Nicaragua inspirada en la libertad, la democracia y la justicia para que todo individuo tenga derecho a la vida a la libertad y la seguridad de su persona y que toda persona se le debe garantizar la satisfacción de los derechos indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.
Esta postura recia de cambio de mentalidad adoptada por el Gobierno del ingeniero Enrique Bolaños Geyer, para que se respeten los derechos humanos y que se haya declarado la guerra contra la corrupción, es digna de aplaudirla. Es que asumir una actitud con ética y moral no puede ganarse sólo con leyes y sus sanciones pecuniarias y corporales conforme los agravantes del delito mismo. Han de sembrarse en el corazón de la gente las semillas de la virtud y la integridad.
Si los nicaragüenses aprendiéramos de nuestra historia ¡cuántas lecciones extraeríamos! Pero desafortunadamente la pasión y el partidarismo nos ciegan y la luz de la experiencia es como la popa del barco que sólo alumbra las olas que dejamos atrás.
Y así, los que atrapados por el deseo del poder y la ambición desgraciadamente sólo ven lo que sus manos pueden sostener y no se dan cuenta que lo único que están haciendo es llevando a este país a una debacle económica, social y política, así como al nacimiento de un nuevo Rigoberto López Pérez.
Desafortunadamente “los pueblos latinoamericanos no tienen memoria política, por eso no hay cadáveres políticos y así los que ayer cometieron tantos desafueros pueden andar diciéndole al pueblo que son ángeles y no demonios”.
Como muchachos que fueron les embargó ansias de cambio y sueño de algo diferente ante un sistema nefasto somocista, pero su escuela fue comunista y con el pasar del tiempo la juventud se les fue más no su comunismo y soberbia que tanto les caracteriza. Creo firmemente que el pueblo nicaragüense luchará para salvar a Nicaragua de una nueva dictadura sandinista.
En consecuencia, que las lecciones experimentadas, a través de nuestra historia, nos sirvan de escarmiento para mejorar por el bien de esta Nicaragua que tanto se lo merece para vivir en paz y tranquilidad.
El autor es asesor fiscal.