Isolda Rodríguez Rosales
Quito, la mitad del mundo, fue la sede del VII Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación Latinoamericana, específicamente la Universidad Andina Simón Bolívar. Más de trescientas personas se dieron cita para intercambiar experiencias, debatir sobre la problemática de la educación en América Latina, con temas de lo más variado e interesantes, que se abordaron en conferencias magistrales, mesas redondas, paneles y debates, bajo el tema Educación, ciudadanía, interculturalidad e integración de los procesos históricos latinoamericanos.
El estudio de la historia de la educación se propone contribuir a la comprensión de las relaciones pasado-presente entre la educación, la cultura y la sociedad, como soportes fundamentales de las condiciones y transformaciones estructurales de estas sociedades. Este Congreso se planteó como una de sus metas analizar los problemas contemporáneos del desarrollo de la educación en nuestros países, señalando las debilidades y fortalezas, las semejanzas y diferencias en los grandes procesos de reformas educativas del siglo XX. Sólo conociendo las bondades y debilidades de los modelos educativos que se han puesto en práctica en nuestros países, podemos construir la educación del futuro como un “continun” que permita la formación sistemática de la sociedad en su conjunto.
En este Congreso se debatieron temas tan actuales: Interculturalidad y manuales escolares, Interculturalidad, actores sociales y educación; Instrucción pública, educación no formal y cultura campesinas; y, Desde la voz y la palabra de los otros: textos escolares del movimiento indígena colombiano. Son algunas de las ponencias que ofrecieron espacios de reflexión sobre la marginación que han sufrido las comunidades indígenas en América Latina.
Sin embargo, desde hace unas décadas, países como México, Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador se han ocupado de promover escuelas en las comunidades indígenas, en un proceso de integración que implica la intención de incorporar a los pueblos aborígenes a la sociedad nacional. Este debate permitió conocer los elementos identitarios desarrollados a través del pensamiento y las políticas indígenas, asumidas desde y por medio del sistema educativo.
Educar para la diversidad, diseñar políticas educativas que tomen en cuenta a los inmigrantes, la diversidad de lenguas, es la idea en común de los historiadores de la educación que participaron en este importante evento. La educación de la mujer, cuál ha sido su proceso y evolución. Desde el reino del hogar hasta la sala de clase, la mujer latinoamericana se incorpora lenta pero segura en el ámbito educativo, como actor fundamental en la educación de la sociedad. El papel de las maestras rurales en Canarias, en México, en Nicaragua, permitió conocer el surgimiento de nuevas identidades sociales de las mujeres latinoamericanas. Además de fundar escuelas, las maestras motivaron la participación de las comunidades en el mejoramiento de las condiciones de vida.
Brasil tuvo una representación muy numerosa (más de cuarenta docentes/investigadores) y abordó temas tan interesantes como el análisis de los manuales escolares: Manuais escolares e alumnos pobres: Intruçao Pùblica na Provincia de Minas Gerais, en el que se reflexionó en las cartillas escolares como idearios y prácticas pedagógicas. O la conferencia de Diana Valdez, La niñez en la iconogafìa del primeiro y del segundo livro de leitura para a infancia brasileira del Baròn de Macahubas , en la que se demostró la fuerte influencia francesa en la elaboración de textos escolares.
De especial interés fue el panel Política, educación y ciudadanía en el Ecuador, entre 1828 y 1835. Mientras Nicaragua se enfrentaba en las luchas intestinas, Ecuador contaba ya con un sistema educativo organizado. Ya para 1925, se habla de un programa de reforma social que incluyó la puesta en marcha de una serie de dispositivos de renovación educativa.
¿Qué reflexión nos genera lo anterior? El interés por la educación permite conocer el rumbo que llevará un país hacia el futuro. En Ecuador se aprecian los esfuerzos por brindar espacios a las etnias, a las culturas diferentes. Se nota la educación en la cortesía, el gesto amable, que pudimos apreciar desde el Vicepresidente de la República, quien inauguró el Congreso, pasando por el Rector, los investigadores y docentes de las diversas universidades, equipo de protocolo, hasta los guías en los museos, o conductores de autobuses y taxis.
Vale la pena apostar por la educación. Ojalá que nuestros ministros den una mirada a lo que se hace aquí al lado, en América Latina, nuestros hermanos de sangre. Ojalá los vientos de discordia política den paso a la reflexión y análisis que permita repensar la educación integral y liberadora, como medio de formar a las futuras generaciones.
La autora es historiadora.