Moiras

Luis Sánchez Sancho

Leí la semana pasada un excelente artículo del periodista argentino Mariano Grondona (Falsificación de la memoria colectiva, La Nación, Buenos Aires, Argentina, 24 de septiembre del 2005) acerca de la inevitable facultad que tiene el ser humano de recordar algo para retenerlo en el presente y salvarlo del pasado. Así se forma la memoria individual y, a partir de ésta, la memoria colectiva que es un patrimonio de cada sociedad, pueblo o nación.

El mencionado artículo de Grondona se refiere a la memoria histórica de la nación argentina, pero lo que me interesa rescatar del mismo es su referencia a que la palabra memoria, en su raíz griega smer, está “ligada con Moira, la diosa encargada de las retribuciones, que premia o castiga a los mortales según el recuerdo de su s acciones”.

En realidad, según lo que dice el afamado mitólogo español J.A. Pérez Rioja en su autorizado Diccionario de símbolos y mitos, las Moiras eran tres divinidades griegas que estaban consagradas a servirle al Destino, el dios ciego hijo del Caos y de la Noche que tiene bajo sus pies el globo de la Tierra y en las manos una urna en la que está la suerte de todos y cada uno de los mortales. Y equivalen, las Moiras griegas, a las Parcas de la mitología romana.

Sobre las Parcas escribí en la columna del 21 de agosto del 2004, con motivo de la muerte de mi hermano Efraín. Pero lo que escribí en aquella ocasión fue muy breve, por el necesario límite de espacio disponible para cada artículo.

En la mitología griega las Moiras aparecen en la vida de cada persona en los dos momentos cumbres de la existencia: el nacimiento y la muerte.

Para los griegos de la antigüedad cada persona tiene su Moira desde que nace hasta que se muere, entendiendo esto como que a cada quien le corresponde su cuota de felicidad y de sufrimiento, de placer y de dolor, de vida y de muerte. Y la Moira de cada persona es absolutamente inflexible, como el destino, del que es su ejecutora.

Las Moiras son, según Hesíodo (el célebre autor de la Teogonía) hijas de Zeus y de Temis (la diosa de las leyes y de la justicia eterna), y hermanas de las Horas, como se llaman las diosas de las distintas épocas del año, las cuales, según dice Homero en La Ilíada, tienen entre sus atribuciones la de abrir y cerrar las puertas del cielo. Sin embargo el mismo Hesíodo dice también que las Moiras son hijas de Nix (la Noche) y que fueron autoengendradas, como queriendo indicar la oscuridad impenetrable de la suerte de cada persona. Y tal vez por eso fue que después se les atribuyó a las Moiras, como padre, al poderoso Erebo, dios de las tinieblas infernales.

Las tres Moiras tienen asignadas, en la mitología griega, las responsabilidades determinantes de la existencia de los humanos y ni siquiera los dioses pueden escapar de su inexorabilidad.

Cloto es la Moira que teje diariamente, de día y de noche, los acontecimientos de la vida cotidiana de cada persona.

Laquesis se encarga de que todos los acontecimientos de la vida de las personas que teje su hermana Cloto, ocurran de manera fortuita, arbitraria, desconectados unos de otros.

Y Atropos es la responsable de que las vicisitudes de la existencia sean inexorables a pesar de su aparente casualidad y arbitrariedad. O sea que es la encargada de determinar el destino de cada persona y de todas en general, con fuerza ineluctable.

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