María Auxiliadora Cuadra
Las “Damas Diplomáticas” somos un grupo de amigas, unas del colegio y otras de la universidad, y cabe aclarar el origen singular de este nombre para que las integrantes de la Asociación de Damas Diplomáticas no piensen que les usurpamos el nombre, sino que fue por azar, para que los esposos no estuvieran interrumpiendo con el ¿dónde estás?
En un almuerzo de nuestro grupo de las “Damas Diplomáticas” se les contestó eso por primera vez, y dio resultado, porque ahora no interrumpen tan importante encuentro. Tenemos el grupo ampliado y el grupo reducido. Somos cuatro: la dama de León, la de Rivas, la de Managua y la de Matagalpa.
En el último almuerzo que celebramos, cambiamos la temática que hemos tenido recientemente en nuestras conversaciones. Recordábamos uno de los tantos encuentros en el que la dama de León nos contó que tenía cita en una conocida clínica ortopédica, ya que le dolía la espalda, la pierna y no se qué otra cosa más.
Al oír aquello nos preocupamos muchísimo (nos tragamos el galillo) y le diagnosticamos vejez prematura. Ella se ofendió y nos reclamó fuertemente, pero en un momento dado del reclamo, no escuchábamos lo que ella decía y se escuchó el esperado queeeeé? ¿Qué decís? ¡No te escucho! A lo que la dama de León contestó: “Yo estoy de quiropráctico, pero ustedes están de otorrino (aquí mencionó a un doctor otorrinolaringólogo de todos conocido) ya que las tres están sordas” (ella bajaba el tono de voz a propósito). Poco a poco nuestras pláticas han ido cambiando profundamente de tema y últimamente hablamos de doctores, recetas médicas y hasta intercambiamos lista de médicos y diagnósticos… amén de otros temitas…
Fue duro entender lo que nos pasaba, autodiagnosticarnos a nosotras mismas y entender que padecemos del “pencazo de los 40”, pero que estamos en lo mejor de la vida, todavía jóvenes, guapas (¿por qué no?), con madurez, y tenemos que vivir la vida con alegría, naturalidad, pero con dignidad. Creo que no es fácil aceptar cada proceso de la vida pero hay que hacerlo, no queda de otra.
El artículo del doctor León Núñez: “De la juventud a la ancianidad”, me recordó la plática con mis amigas, la negación interna que hacemos en ocasiones, de aceptar algunos cambios en nuestras vidas. ¿Qué pasaría si las mamás o papás de teenagers se vistieran como sus hijas o hijos? ¡Se verían ridículos! Los cantantes se niegan a aceptar que su voz perdió el brillo, la pasión y el vibrar de otros tiempos. Y lo mismo en otras “profesiones” y situaciones que no me atrevo a mencionar, en las que es importante saber cuándo retirarse a tiempo…
Creo que algo parecido le debe pasar a algunos políticos, que no aceptan que ya es hora de dar paso a nuevos valores, retirándose con dignidad, ya que para los más jóvenes y para el país sería de gran ayuda el contar con la experiencia y la sabiduría que sólo los años dan y que algunas personas retiradas con dignidad lo pueden hacer para el bien de todos.
Me pregunto: ¿Será que el síndrome del “Pencazo de los 40” también ha afectado a algunos de la clase política nicaragüense nublándoles la razón, la sabiduría que tienen, haciéndoles perder hasta la dignidad?
Porque si este mal les ha afectado, es urgente tratarse con el mejor especialista en la materia, ya que esta enfermedad tiende a volverse crónica y en algunos casos puede ser mortal.