Carlos Daniel Quintana M.
Honrar a la patria significa sacrificar un poco de la vida, por esa vida que nos dio ella misma; olvidar las consignas, herencia gris de luchas fratricidas y unidos continuar a reconstruirla. Es trabajar por su paz, por su justicia, alzar con fe la vista hacia la lejanía, erguir y edificar lo que está en rutinas; ser como el sol que al derrotar la noche su antorcha enciende para un nuevo día.
Ser como el trueno que en la nube grita y defenderla de ingerencia extraña, es protegerla de la mano impía, que al propio hermano sin piedad explota y que su savia al oprimir disipa. Es despreciar al traidor, al entreguista, al que pregona el terror y la anarquía, al sanguinario que en carmín la mancha; y erradicar su cruel filosofía, desde la entraña de su esencia misma.
Honrar a la patria significa darle la mano fraternal y franca a quien regresa de un hiriente exilio, marcado el rostro porque su existencia dejó difusa en otra tierra extraña. Y amar al hijo que por defenderla ha desafiado la feroz metralla, al abrazo inclemente del verano, al senil del invierno con su escarcha, y al oscuro y traidor que dan las sombras: o a quien herido por heraldo trágico, vaciando el icor que nutrió sus venas, cayó indefenso de asesina bala y ebrio de ideales inmoló su vida, sin poder ver el sol de la victoria.
Y es recordar los ideales de sus próceres y el verso alado que cantó el poeta; es rendirle homenaje a su bandera con el estigma que selló en la infancia, y es cantar de su himno nota a nota, con ilusión, con fervor, con esperanza.
Honrar a nuestra Patria significa conservarla siempre libre y soberana, darle gloria a sus pretéritas insignias, darle orgullo fuera y dentro de fronteras.
Honrar a nuestra Patria significa: ¡Después de amar a Dios, amar la Patria!
Residencial San Juan