Los perdedores en el TLC

Diego Alejandro Montiel Morales

El DR-Cafta o Tratado de Libre Comercio entre América Central, República Dominicana y Estados Unidos está siendo fuertemente promovido por la empresa privada y por el Gobierno, así como rechazado por sectores izquierdistas. Sin dudas el DR-Cafta tendrá grandes ganadores y grandes perdedores.

El libre comercio facilita el intercambio comercial, amplía las cuotas de comercio, brinda un mercado enorme y con capacidad de compra para los productos hechos en nuestro país. Por otra parte, exige transparencia, reglas claras y estables, derechos laborales y protección al medio ambiente. Además, algunos sectores locales señalan estar desprotegidos por no tener una banca estatal de fomento, así como por el subsidio que Estados Unidos da a algunos productos agrícolas, y finalmente tenemos opositores que aducen que no tenemos una industria con qué competir.

El DR-Cafta traerá mayor competencia y por ello los consumidores recibirán productos de mejor calidad a mejor precio. No nos venderán más porque no hay dinero con qué comprar más. El consumidor será el principal ganador, pero no el único, pues los pequeños y medianos agricultores y productores pasarán a ser suplidores de las grandes empresas que vengan a instalarse, el pueblo que obtenga trabajo, la pequeña y mediana empresa, Pyme, el mercado de servicios y quienes encuentren nichos de mercado para sus productos y la clase media y baja también ganarán… pero a alguien le tocará perder.

Aquéllos que dependan de influencias para obtener buenos puestos de trabajo serán los primeros perdedores, así como quienes tienen mano de obra barata porque no hay empleos. También perderán los empresarios que suplen el mercado local con productos que no tienen calidad internacional y necesitan proteccionismo para subsistir y que ahora deberán vender o aliarse con empresarios con mayores recursos y conocimientos. El Gobierno estará forzado a ser más eficiente. Ello afectará a esas empresas que viven de ventas al Estado. También perderán aquéllos que hacen negocios poco transparentes, y los mayores perdedores de todos serán aquellos partidos y agrupaciones que necesitan que haya miseria para tener clientela política. El inevitable surgimiento de una clase media fuerte los hará perder las cuotas de poder que a costa de la miseria y el sufrimiento ajeno han obtenido.

En cuanto a los productos subsidiados, es más fácil comprarlos baratos y producir nosotros otra cosa que ellos no subsidien y en que no seamos competitivos que oponernos a ello. Dejemos que el contribuyente gringo pague para que nosotros compremos barato, y produzcamos lo que pueden comprarnos a buenos precios.

En cuanto a la necesidad de una banca estatal para ser competitivos, cabe preguntarnos qué podemos hacer para que esta banca manejada por el Gobierno sea eficiente; para que este banco no sea la caja chica de los políticos para pagar favores, y para poder dar préstamos a bajas tasas de interés pagando por alta burocracia y enormes planillas que siempre han caracterizado al Estado. ¿Es mejor opción crear una banca nacional estatal que permitir que entren bancos extranjeros a competir aquí?

Supongamos que atrajéramos a una empresa X que planeara fabricar chocolate para exportarlo a quienes pueden pagarlo. Necesitarían cacao, leche, almendras, maní, azúcar. Las cantidades a producir serían fabulosas, miles de manzanas y de toneladas. Podrían producirlas ellos o enseñarnos cómo producir lo que ellos necesitaran, darnos los recursos y conocimientos y luego comprar la producción para exportar un producto procesado, terminado, con alto valor agregado. En todo caso, nos darían trabajo y conocimientos. En cuanto a los recursos, no vemos a una empresa multimillonaria dependiendo de los préstamos de un banquito local. Es la competencia de estas empresas y de la banca internacional lo que hará que bajen nuestras tasas de interés.

Por último, tenemos quienes objetan que no tenemos una industria con qué competir. Esa puede ser una bendición, porque es dudoso que los equipos y maquinarias que pudiésemos haber tenido tuviesen la capacidad y calidad para producir con los volúmenes y calidad requerida. La apertura de mercado sirve para incentivar el espíritu empresarial nacional y desarrollar el mercado de servicios, así como para atraer industria, no para vender lo poco que actualmente producimos.

El DR-Cafta es una oportunidad para salir adelante. Las inversiones necesitan también de paz, seguridad, estabilidad, justicia y reglas claras. Ese es el reto. Por el bienestar de nuestros hijos tenemos que aprobarlo, crear las condiciones antes dadas y saber aprovecharlo. Es necesario para salir del subdesarrollo, cuidar el medio ambiente, proteger a los trabajadores, ofrecer buenas oportunidades a quienes sólo cuentan con su capacidad de brindar servicios, para tener variedad de productos y poder comprar cosas buenas a buen precio. Es perjudicial para quienes tienen puestos lucrativos que no merecen, quienes requieren de secreto para obtener contratos, quienes no quieren competir, quienes quieren que la justicia se determine por quien conocen o a cual partido pertenecen y no por sus méritos, y quienes necesitan que haya pobreza para mantener sus cuotas de poder.

El autor es consultor sobre Efectividad Organizacional, catedrático universitario.

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