La cultura como bien social

Magdalena Úbeda de Rodríguez

Nicaragua tiene, por derecho, un asiento en la Organización de los Estados Americanos (OEA). Dentro de la OEA existe una comisión específicamente dedicada a la Cultura, denominada CIC para su fácil manejo (Comisión Interamericana de Cultura) de muy reciente constitución. Apenas ha efectuado su tercera conferencia en Washington este año 2005, los días 25 y 26 de agosto recién pasado.

El Ministro de Educación, Cultura y Deportes me designó como representante del país ante la CIC. Estuvieron presentes en este magno foro todos los ministros y/o encargados de Cultura de América, sin excepción. Fue alentadora la consideración con que fuimos tratados los países pequeños, como todos los estados centroamericanos, Jamaica, Grenada, Camerún, Haití. Pero más alentadora es la importancia que se le reconoce a la cultura, por primera vez en la historia, como factor de desarrollo.

A partir del nacimiento del siglo XXI se ha reconocido que la cultura es un bien social y por ende todos los seres humanos tienen derecho a ella, que el acceso a la cultura es un derecho cívico, un derecho humano.

Hace sólo unos 40 años empezó a considerarse la educación, en los foros mundiales, como un factor ineludible del desarrollo a la par de la salud. Hoy en día es incuestionable para todo el mundo que salud y educación son los ejes del desarrollo humano. Sin embargo la cultura había sido relegada tradicionalmente a la condición de apéndice o de refinamiento de una educación constreñida a las clases altas de los países civilizados, confundiendo cultura con civilización.

Se tuvo que arribar al tercer milenio para que se admita la diversidad cultural y la verdad oculta pero irrefutable de que la cultura existe en todos los pueblos de la tierra y es independiente del grado de civilización alcanzados por ello, entendiendo por civilización los adelantos técnicos que van creando las generaciones humanas y que heredan y mejoran las siguientes hasta alcanzar niveles de vida óptimos, decorosos y cómodos. Status que facilitan el diario quehacer.

Hace algún tiempo, para un trabajo libresco encargado por el Centro de Educación par la Democracia usábamos este símil. La mujer y la fuente han sido siempre buenas amigas, pero no es lo mismo cuando la mujer bajaba al río con su cántaro a traer el agua y a sumergirse en sus ondas cristalinas, por poético que resulte, que abrir un grifo con agua tibia para bañarse en un cuarto cerrado, tapizado con azulejos y a cubierto del atisbo de los faunos. Ésta es una muestra de lo que puede hacer la civilización para simplificar al vida y crear un entorno confortable, del que ni siquiera nos percatamos por considerarlo natural y hasta obligatorio.

La cultura es algo más hondo y nada circunstancial. Es el acto espiritual repetido por placentero que se transmite de una generación a otra y que constituye el ser colectivo de los pueblos. Ésa es la cultura que la CIC reconoce y que quiere rescatar y hacerla dar frutos tangibles en todas las naciones de América. Sólo se pregunta cómo. Ahora es fácil responder: reconociendo, aceptando y respetando la diversidad cultural de nuestras naciones. No somos mono étnicos, ni mono hablantes. Preservar los idiomas de las etnias minoritarias. Respetar sus costumbres religiosas y culinarias, sus hábitos sociales, su rica medicina. Que las fronteras nuestras por pretendida civilización no se extiendan avasallando los débiles límites de las suyas. Que se pare el neocolonialismo. Todo esto se trató, a profundidad relativa, podríamos decir, en los días del foro interamericano, propiciado por la OEA en Washington.

Hubo algo más y mayormente esperanzador aún: una propuesta y una oferta.

La propuesta se produjo un día antes del foro y consistió en crear una red de observatorios de políticas culturales en todos y cada uno de los países de América. Esto significa que cada quien delinee su propia política cultural descansando en los ejes de su especificidad y una vez esbozada, con la ayuda solidaria con los países que ya la iniciaron como México, Colombia, Argentina, afiliarse de dos en dos, de diez en diez, como diría PAC, para ser cada uno, eslabón en esa cadena-red de observatorios interamericanos de políticas culturales, cuya sigla es OIPC.

La oferta. El doctor Iglesias, al marcharse del escenario económico americano ha querido dejar creada una institución de apoyo a la Cultura Continental: la Fundación Interamericana. Todas las naciones de América, incluidos los Estados Unidos padecemos de escasos presupuestos estatales para cultura. En Estados Unidos el Estado aporta un 10 por ciento de lo que se gasta en promoción cultural. El 90 por ciento lo aporta la sociedad, a través de la empresa privada. Esta Fundación será el canal por donde toda la Comunidad Americana podría alcanzar financiamiento para el desarrollo de las industrias creativas culturales en aquellos países que las hayan forjado y para la creación de tales industrias en los que aún no existan, siempre y cuando estas industrias se presenten bien planificadas y seriamente sustentadas. La fundación es sólo la vía para alcanzar el financiamiento que estará a cargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En esta oferta una puerta que se abre a la cultura de nuestras naciones porque hoy por hoy se concluye que la cultura es productiva si se invierte en ella y como tal las industrias culturales música, teatro, cine, artes plásticas, artesanías, producidas con calidad para consumo local y como materia de exportación, producen capitales y divisas, en suma que la cultura es un potencial fuerte para la reducción de la pobreza y que trasciende de los artistas a toda la sociedad, convirtiéndose por lógica y realidad en factor de desarrollo, dado que involucrado a más gente en su producción y disfrute, llena ese vacío que existe en la actualidad, esa ausencia de bienes culturales dentro de la sociedad americana continental.

Propuestas y ofertas que pueden cambiar la faz de Nicaragua si nos proponemos crear nuestro Observatorio y aunados con Intur y Marena, abrimos esas industrias creativas. Nuestro potencial cultural es grande, el Instituto de Cultura ya está trabajando con entusiasmo para diseñar el Observatorio y proceder, pero no en soledad a forjar esas industrias. Ya escuchamos a Patricia Belli y a Els Van Popel. Requerimos más y más propuestas de industrias culturales.

La autora es directora del INC

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí