De la desesperanza a la esperanza

Alejandro Bolaños Davis

Insano es ser loco, demente, furioso. En la jerga de los adictos en recuperación, en el programa de los doce pasos, primero uno admite su insania, su impotencia ante su adicción y que su vida se ha vuelto ingobernable. Luego, llega a creer que un poder superior a uno mismo podría devolverle el sano juicio. Uno admite su insania para luego buscar cómo recuperarla por medio de un poder superior puesto que su propia voluntad es la causante de su desgracia.

Antes se debe “tocar fondo” o admitir la derrota frente a la adicción. Sólo cuando uno se rinde y deja de pelear una batalla que no se puede ganar jamás, es cuando uno empieza a recobrar su sano juicio. Si no toca fondo es porque aún no cree en un poder superior y/o no admite su insania. Es un vacío espiritual, un rechazo a creer que puede existir un poder superior a uno mismo.

Esta insania también la sufren los altos mandos de los poderes del Estado y los jerarcas de iglesias, quienes insisten que su voluntad materialista (adictas prácticas ilícitas, al poder y el dinero) debe prevalecer por encima de todo lo demás. Es una lucha inmoral que no se puede ganar, que sólo pérdidas le trae al país, sufrimiento inmenso al pueblo y a ellos mismos.

Lo que normalmente decimos que son los problemas que vivimos en nuestro país (la pobreza, el desempleo, la violencia) son síntomas. Las causas verdaderas tienen su raíz en la falta de espiritualidad, en haber dejado de creer en un poder superior, en haber empezado a creer que nosotros somos Dios, o que nuestro dictador es un Dios.

Los diputados en nuestro país han hecho reformas a la Constitución para acomodarla a los intereses egocéntricos de sus dictadores. Ahora la ley y la justicia riñen con la ética y la moral. Están opuestas al bien común, están al servicio del pacto entre dos dictadores con prácticas corruptas. Las cortes de justicia fallan subordinándose a la voluntad de la corrupción. Jueces son asignados por su grado de servilismo al dictador. Han perdido su conciencia y su respeto a sí mismo. Todos callan la infamia. Ningún magistrado o juez la condena. No hay dignidad en la justicia. Igual sucede con los magistrados del Consejo Supremo Electoral, quienes preparan el próximo fraude para asegurar que sus dictadores continúen en el poder. La deshonra en sus hijos.

Mientras los altos mandos de los poderes del Estado no “toquen fondo”, acepten su insania, y subordinen su voluntad enferma al servicio de un poder superior, no podremos salir adelante en nuestro país. Llámese poder superior la voluntad de Dios a como cada cual lo conciba, o los principios éticos o morales, o la voluntad del pueblo que es inmensamente superior a la voluntad egocéntrica y corrupta de los dictadores del pacto. Todos los magistrados y diputados, incluso los jerarcas de iglesia, deben poner su barba en remojo. Ninguno se exime de la corrupción y la inmoralidad.

Para tocar fondo necesitamos primero humillarnos y aceptar nuestra derrota frente a nuestra insania, luego debemos ser humildes para empezar a creer que sólo un poder superior a nosotros mismos puede ayudarnos. Para salvar a Nicaragua necesitamos pasar de la desesperanza al aceptar la derrota, a la esperanza cuando empezamos a creer en un poder superior.

El autor es consultor de organizaciones, directivo departamental del PC.

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