Odderey Matus Gó[email protected]
Actualmente en Nicaragua el tema de los valores está siendo visualizado por distintos observadores. Por ejemplo, el Ministerio de Educación y su reforma curricular; la universidad, en el caso de la UNAN, con el curso de didáctica de enseñanza en valores; organizaciones civiles y algunos medios de comunicación social. LA PRENSA, desde su ventaja como medio de difusión masiva ha puesto al servicio de la comunidad nicaragüense, además del espacio a la opinión pública sobre este importante tópico, la publicación de fascículos que abordan una diversidad de valores.
Sin embargo mi interés no se centra en qué valores son necesarios, cuáles faltan o cuáles se han ido perdiendo en la sociedad. Quiero hacer énfasis en los sujetos sobre quienes recae el problema, es decir, a quiénes va dirigido el mensaje. Los valores no son una temática que interesa únicamente a algunas instituciones de la sociedad, como pueden ser la escuela, las iglesias y otras organizaciones. Si los valores interesan principalmente a la familia, entonces interesan a todos, porque todos en alguna medida participamos de una.
Desde mi experiencia profesional quiero hacer referencia al campo educativo formal. Al observar los interesantes fascículos de LA PRENSA, se podría llegar a pensar, por sus colores y dibujos, que están dirigidos especialmente para los niños y jóvenes; pero también van dirigidos a los profesores. Muchas veces la escuela en su totalidad se desliga de ciertas responsabilidades, las cuales se recargan sobre los docentes del área de Ciencias Sociales, principalmente sobre Formación Cívica y Social, como en un autoconvencimiento de que hay asignaturas que carecen de potencial para generar valores, como el caso de matemáticas, física o química. En estas asignaturas, y en otras, también se puede —y se debe— trabajar las actitudes, pues según la reflexión de Pozo Pardo “todos los conocimientos, y, por tanto, la enseñanza, pueden originar una actitud, sobre todo cuando la transmisión va acompañada de una considerable carga afectiva” (en J. Gairín. Las actitudes en la educación. Pág. 43).
Entonces falta descubrir y trabajar los valores presentes en las demás asignaturas, avanzando hacia un grado superior de humanidad en las mismas, lo que implicará, según lo señala Matthew Lipman (1992), no confrontar la inteligencia con las emociones, es decir, hacer que las emociones sean más inteligentes, y la experiencia intelectual más emocional.
Lo anterior quiere decir que todos los docentes deben promover buenas relaciones humanas entre docente-estudiante y estudiante-estudiante, sin pensar en valores como algo separado de su asignatura; por ejemplo, ejercitar el respeto y la tolerancia ante las equivocaciones cotidianas de los estudiantes; o la formación de equipos de trabajos solidarios y cooperativos. Esto activa otros valores como el uso de un lenguaje correcto y cortés, compañerismo, compromiso, equidad, convivencia, y diversas competencias para la comunicación, en actividades de su ciencia que no tienen que ver exclusivamente con el área cívica o moral. Ello debe darse si de verdad se quiere una escuela, un instituto, una universidad que se decida por una enseñanza en valores.
El autor es profesor de Filosofía, UHISPAM-Masaya y estudiante de Maestría en Ciencias de la Educación, UNAN-Managua.