Desarrollo versus politiquería

Alfonso E. Castellón Ayó[email protected]

Nuestra idiosincrasia ha permitido que en pleno siglo XXI vivamos en la miseria. Y digo esto inspirado en un artículo de Opinión publicado el 17/08/05, firmado por un señor veterinario.

Los gobernados no aprobamos ni el latrocinio ni la usurpación de propiedades (piñata) ni los crímenes impunes a periodistas o ciudadanos inocentes, de las arbitrariedades del gobierno de turno; como tampoco aprobamos el enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos y sus cómplices: ¿Qué puede hacer el gobernado ante los atropellos de un gobierno inepto o un gobernante corrupto?

Hay que pensar muy bien esta respuesta. Lo único que se me ocurre es, primero: Protestar con las herramientas legales que tenga a su alcance, Constitución, leyes especiales, decretos, etc., etc., Segundo: si es independiente, organizarse (como lo hicieron los jueces) y presionar con su organización gremial y por último: si no tiene a su alcance las herramientas correspondientes por cualquier causa o razón y tampoco puede afiliarse a organización gremial alguna, puede desobedecer civilmente y en caso que lo acorrale el terrorismo gubernamental o partidista, denunciar a organismos internacionales el atropello del cual es objeto. Me parece muy bien quejarnos públicamente de los atropellos a los cuales somos sometidos los que no formamos parte del gobierno (gobernados), pero no me cae bien la idea de que tengan que venir los gringos a solucionar nuestros problemas.

Decía una pariente política del suscrito, ya fallecida, que los nicaragüenses éramos muy fregados y que ella pensaba que si Jesucristo viniera a gobernarnos, le encontraríamos defectos y hasta buscaríamos cómo cambiarlo. Dejemos de ser extranjeristas y concentremos nuestra fuerza laboral en donde debemos hacerlo: el agro. Nicaragua se quedó atrás y lo único que nos queda es explotar nuestra tierra cultivable.

¿Sabe el ciudadano nicaragüense que un millón 600 mil manzanas cultivables fueron “regaladas” a doce mil personas naturales (70 por ciento) y tan sólo el 30 por ciento de ésta a dos mil cooperativas? ¿Que más de 140 mil lotes de terreno fueron usurpados y que probablemente a esta fecha vivan en ellos un 20 por ciento de los beneficiarios de dichas tomas ilegales? Y mil abusos más cometidos apenas hace 15 años.

Nada tiene que ver el “reo mayor”, “su juez”, “los corruptos que se dedican a la politiquería”, el señor Vicepresidente, ni Róger Noriega (ex funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos) con estos abusos. Tampoco podemos culpar a los jueces solamente del resultado de sentencias políticas arregladas.

Seamos nosotros los que busquemos la solución a nuestros problemas y propiciemos el desarrollo de nuestro país, antes que las intervenciones del famoso imperio.

¿Qué tiene que decirnos el señor Oliver Garza? ¿Cuál es la onda de andar buscando que nos vengan a arreglar nuestros asuntos los “extranjeros”?

Y aunque los pueblos se merezcan los gobiernos que tienen, también pueden cansarse y dar vuelta a la tortilla. Seamos buenos patronos, paguemos nuestras deudas religiosamente e involucrémonos en el desarrollo agropecuario, que es lo que nos va a permitir arrancar dentro de unos veinte año, si no regresa Daniel y nos arruina todo (Dios quiera que no regrese).

A trabajar se ha dicho y que los extranjeros resuelvan sus problemas en su tierra. Es más infame que tengamos que traer un ejército invasor a bombardearnos con bombas que ni en todas las Purísimas de Nicaragua hemos tirado. No de simple ruido y ondas expansivas, sino de destrucción y muerte como las usadas en Afganistán e Irak.

El autor es Abogado y Notario.

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