Lloraba con mi rostro bajo y sensitivo,no quise ver vuestros pasos partir,lloraba con un torrente vivo,uno nunca sabe lo que hoy deja ir. No quise ver vuestras almas envenenadas,no quise ver vuestros rostros sufrircon negras poesías pasadas,uno nunca sabe lo que hoy deja ir. Llevadme donde los cielos irradian,donde sean más calmosy más azules,llevadme donde los sueños cambian con suaves lloviznas de tules.Dejadme soñar con el sueño de un niñode rosadas manos y pieles,asemejadme la piel del armiño a mis soberbias orlas infieles.Llevadme a los tristes sones de flautasdonde la armónica reina las mansas noches de armonías incautas con luces fugaces y rosas.Llevadme junto a la brisa que dejaste en aquellos lugares santos que estuvimos y a los tantos que ir deseaste,aquellos que nunca vimos. Vi tu mirar ardientey honestode primavera, de alegre poesía,allá a lo lejos, vuestro alegre gestoy acá triste la mirada mía. En aquellos iluminados paseos de faroles opacos y fragilidad mujer,en mis íntimos deseosque encuentres la verdadera felicidad.Y si la encuentras hoy en tu partir,en aquellos faroles opacos y fragilidad,uno nunca sabe lo que hoy deja ir.Que encuentres la verdadera felicidad.

Uno nunca sabe   Arnoldo Flores Uno nunca sabe   Arnoldo Flores Lloraba con mi rostro bajo y sensitivo,no quise ver vuestros pasos partir,lloraba con un torrente vivo,uno nunca sabe lo que hoy deja ir. No quise ver vuestras almas envenenadas,no quise ver vuestros rostros sufrircon negras poesías pasadas,uno nunca sabe lo que hoy deja […]

Uno nunca sabe

 

Arnoldo Flores



Uno nunca sabe


 



Arnoldo Flores



Lloraba con mi rostro bajo y sensitivo,
no quise ver vuestros
pasos partir,
lloraba con un torrente vivo,
uno nunca sabe lo que hoy deja ir.

No quise ver vuestras almas envenenadas,
no quise ver vuestros
rostros sufrir
con negras poesías pasadas,
uno nunca sabe lo que hoy deja ir.

Llevadme donde los cielos irradian,
donde sean más calmos
y más azules,
llevadme donde los sueños cambian con suaves
lloviznas de tules.
Dejadme soñar con el sueño de un niño
de rosadas manos y pieles,
asemejadme la piel del armiño a mis soberbias orlas infieles.
Llevadme a los tristes sones de flautas
donde la armónica reina las mansas noches de armonías incautas con luces fugaces y rosas.
Llevadme junto a la brisa que dejaste en aquellos
lugares santos que estuvimos
y a los tantos que ir
deseaste,
aquellos que nunca vimos.

Vi tu mirar ardiente
y honesto
de primavera,
de alegre poesía,
allá a lo lejos,
vuestro alegre gesto
y acá triste la mirada mía.

En aquellos iluminados
paseos de faroles opacos y fragilidad mujer,
en mis íntimos deseos
que encuentres la verdadera felicidad.
Y si la encuentras hoy
en tu partir,
en aquellos faroles opacos y fragilidad,
uno nunca sabe lo que hoy deja ir.
Que encuentres la verdadera felicidad.

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