La práctica de la tortura

Marlon José Navarrete Espinoza

La práctica de la tortura es no sólo una forma de sofocar a los inconformes u opositores de un régimen sino que es sobre todo un macabro arte de aterrorizar a quienes someten en esta práctica.

Haciendo un poco de historia el médico nazi Josef Mengele realizó experimentos médicos en humanos, mejor dicho con prisioneros judíos en campos de concentración donde se llegó a los más bajos niveles de crueldad y desprecio por la vida.

El líder de las guerrillas izquierdistas en Cambodia, Pol Pot, asesinó a más de un millón de personas y en las cárceles sus seguidores torturaban a los prisioneros políticos con choques eléctricos, golpes con garrote en partes sensibles del cuerpo, daban de comer excremento humano o animal a la fuerza junto a orines y abandonaban desnudos a los presos por varios días en sus celdas. Estas prácticas abominables tenían antecedentes en los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, quienes hacían lo mismo a los prisioneros filipinos, chinos, británicos y norteamericanos.

Los japoneses golpeaban con cañas de bambú los pies de las víctimas, ya que este golpe dejaba mucho dolor por bastante tiempo después e incluso impedía caminar con normalidad, asesinaban en su presencia a sus familiares cercanos, colgaban cabeza abajo a los prisioneros y les echaban orines en las narices, tomaban una botella de Coca Cola y la introducían contra natura en la parte trasera de la persona e incluso forzaban a comer vómito a sus víctimas.

En el México revolucionario de principios del siglo veinte las tropas federales acostumbraban enterrar a los rebeldes en la tierra hasta el cuello dejándoles así por varios días y sin darles agua ni comida hasta que morían deshidratados.

En las dictaduras militares de derecha en América se acostumbraba sobre todo los golpes y puntapiés continuamente en todas partes del cuerpo, daban diminutas raciones de comida y poca o nada de agua, aplicaban baños de agua helada a los presos desnudos y a las prisioneras mujeres se les violaba.

En los regímenes comunistas de izquierda como el sandinismo, las dictaduras no se quedaron atrás y desplegaron sus mejores prácticas sobre todo psicológicas que son tanto o más devastadoras que las físicas y al igual que sus antecesores proporcionaban constantes golpes en el cuerpo, fracturaban dedos con tenazas, no daban agua ni comida durante días y si lo hacían era en pequeñas proporciones que no alimentaban en lo absoluto por ser de mala calidad, sumergían a los presos políticos boca abajo en recipientes de agua hasta escaparlos de ahogar para obligarlos a confesar mentiras, los despertaban sin motivo alguno varias veces por la madrugada para no dejarlos dormir.

Se les daban golpes en la cara, restringían por completo las visitas de los familiares, los guardias se ponían a reír frente a ellos por su condición desnutrida o sobre su condición de prisioneros para desmoralizarlos y negaban toda información del estado de salud del prisionero a los familiares, así como no les hacían llegar los alimentos y artículos de necesidad que éstos llevaban para sus parientes presos, ya que los guardias primero se repartían lo que les gustaba y hasta después llegaban a dejar las sobras a los reos políticos.

La tortura ha sido una forma de maltrato extremo tanto físicamente como mentalmente para doblegar a los adversarios con el fin de obtener información, pero sobre todo de sometimiento y destrucción moral de la persona, de su estado de ánimo y de su resistencia personal. Así se da la imagen de dominio y control a través del miedo y terror ante la gente para evitar descontento.

En lo personal tuve parientes cercanos que padecieron estos vejámenes bajo el sandinismo.

La tortura es uno de los aspectos más tristes del pasado —y en algunas partes del presente— de la humanidad. Jesús sufrió inhumanas y despiadadas torturas en su Calvario y este sufrimiento redentor es lección de justicia para los torturadores.

El autor es ingeniero.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí