La alianza “antioligárquica”

José Antonio [email protected]

En los últimos meses se ha visto en la televisión y en los periódicos la tesis de connotados intelectuales del sandinismo-orteguista argumentando, o más bien justificando, su alianza con sus antiguos enemigos, los liberales.

El principal ideólogo de la corriente antioligarca, Orlando Núñez, argumenta que la alianza con los liberales se justifica por: los intereses objetivos de ambas fuerzas políticas frente a la coalición de la oligarquía conservadora y el injerencismo norteamericano; una alianza basada en un acuerdo ideológico más amplio y sostenido, con un alcance mayor que no llega a la unidad, pero con la posibilidad de compartir espacios comunes para encarnarse en leyes que satisfacen los objetivos políticos de ambas fuerzas; el intento del imperialismo norteamericano y la alianza conservadora de descabezar el liderazgo de sandinistas y liberales; impedir que la ofensiva oligárquica apuntale los intereses de la globalización neoliberal: debilitamiento del Estado Nacional, del capitalismo nacional, mercado interno, así como reducir la resistencia contra el imperio y los conservadores.

A la luz de los hechos, los intereses objetivos más observados son la necesidad de restringir los poderes del Presidente y de todos los que osen cuestionar la estructura de poder dentro de sus partidos. Todo con el único objetivo, de crear un Ejecutivo y una democracia tutelada por los caudillos y fuera del alcance de la ciudadanía.

Asimismo, la supuesta alianza ideológica-patriótica entre dos fuerzas supuestamente disímiles, que se expresa en leyes que benefician a la mayoría de la población, no está definida. Los antioligarcas utilizan el viejo recurso de defensa del pueblo, sin dar argumentos concretos. Por ninguna parte aparece qué entiende cada grupo por ideología. La historia ha corroborado que para el marxismo mundial la ideología era un sistema de ideas e ideales trasformado en creencias, ideas convertidas en dogmas de fe. Para el marxismo europeo, esta realidad está en extinción, no obstante, en el tercer mundo estas concepciones permanecen, o han caído, como en Nicaragua, en el oportunismo. Indistintamente, la mayoría de los actuales liberales de la cúpula del PLC utilizan la ideología, si es que existe, como un ropaje para justificar cualquier actuación política.

Creo que la denuncia de Orwell, hace más de medio siglo, de que “los liberales le tienen miedo a la libertad” hoy es válida para la cúpula del PLC. Equivalente, Rosa Luxemburgo, proclamó que “libertad” es “libertad para los demás”. Esta coincidencia, en beneficio de la libertad humana, entre dos extremos ideológicos, no es la coincidencia “amplia y sostenida” que proclaman los ideólogos antioligarcas. Más bien, como paradoja de la historia, los “enemigos de la humanidad” están contribuyendo más al desarrollo democrático e institucional de Nicaragua que el FSLN en toda su historia. Igualmente, desde hace cuánto tiempo la cúpula del PLC es antiimperialista.

Los ideólogos antioligarcas evaden un elemento que perturba, inquietantemente su lógica justificadora, cómo es su actuar ético. Obvian en su análisis “científico”, según Julio López, “la acumulación privada de poder político y económico por un grupo poco numeroso inserto en los estamentos de dirección del Frente y su entorno” y con esto “se configura un nuevo proceso de acumulación económico y político, …con un doble discurso: antiimperialista hacia fuera, de izquierda pragmática y práctica dual hacia adentro.

Para Marx, y Orlando Núñez se dice marxista, la acumulación de capital es el proceso mediante el cual, el excedente producido por los trabajadores pasa a ser parte del capital que acumulaba el capitalista. Siguiendo la lógica de los antioligarcas, ¿en qué se diferencia el proceso de acumulación de la oligarquía liberal y neoliberal de la frentista? Creo, más bien, que hay que alejarse de las interpretaciones marxistoides para ingresar al terreno ético para descubrir la verdad. En los últimos 25 años han muerto más de 100 mil nicaragüenses, según los dirigentes del FSLN, para evitar la acumulación de los oligarcas liberales y vendepatrias. No obstante, a la primera oportunidad los antioligarcas reprodujeron los vicios de sus enemigos. Es profundamente antiético llamar a resistir un proceso, cuando éste produce envidia y fascinación.

La alianza antioligárquica se asemeja más a la trasformación que sufrieron los cerdos en la Rebelión en la Granja, de Orwell, que al producto de un análisis, a la luz de la doctrina “científica” del marxismo. En su magistral novela, Orwell describe así la transformación: “Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”.

El autor es analista político.

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