Luis Sánchez Sancho
El escritor Sergio Ramírez, en el más reciente de sus artículos que se publican en la revista de LA PRENSA, Magazine, menciona al mitológico Rey Midas, el que convertía en oro todo lo que tocaba.
Midas era hijo de un Sátiro (espíritu de los bosques) y de una Ninfa del sagrado Monte Ida. Según la leyenda, cuando Midas era un bebé miles de hormigas llevaban granos de trigo hasta su cuna, y se las colocaban en sus labios mientras dormía. Y dijo una pitonisa que eso significaba que Midas poseería grandes riquezas.
Midas fue educado por Orfeo, el divino poeta, músico y sabio que con la música que ejecutaba con una flauta que le dio Apolo, podía domesticar a las fieras, cambiar el curso de los ríos y calmar los vientos tempestuosos. Y además, Orfeo enseñaba a los hombres las artes de la medicina, la agricultura, la artesanía y el comportamiento educado.
Siendo rey de Macedonia Midas plantó en su palacio un hermoso jardín de rosas, a donde los Sátiros —entre ellos Sileno, educador y protector de Dioniso o Baco, dios del vino— llegaban a descansar.
Sabiendo que Sileno llegaba a su jardín, Midas convirtió en vino el agua de la fuente que había en medio del Jardín de las Rosas. Y así, cuando los Sátiros la tomaron quedaron totalmente borrachos. En ese estado Sileno fue llevado ante Midas, a quien en medio de su borrachera le contó relatos fantásticos, como el de la fabulosa tierra de los Hiperbóreos, en el extremo norte de la Tierra, con quienes vivió Apolo durante un año antes de irse a establecer su santuario en Delfos.
Después de un tiempo Midas dejó en libertad a Sileno, quien volvió a donde Dioniso con el que habitualmente vivía. Entonces Dioniso, agradecido con Midas porque le permitió a Sileno volver a su lado, le preguntó qué quería como recompensa. “Quiero que cuanto yo toque con mis manos se vuelva oro”, pidió el desmedidamente ambicioso Midas, y el don le fue concedido.
Pero ese don sería también la desgracia de Midas, pues ya no pudo comer ni beber porque todo lo que tocaba se convertía en oro macizo. Entonces Midas imploró a Dioniso que le diera el remedio a su mal, y el dios del vino, condolido o creyendo que Midas había aprendido la lección, le dijo que se bañara en el río Pactolo, el que desde entonces arrastra arenas de oro.
Yendo de regreso a Macedonia, Midas pasó por Frigia, donde reinaba Gordio (el del nudo gordiano), quien como no tenía hijos le pidió que se quedara con él y lo adoptó como su hijo. Y cuando Gordio murió Midas heredó el trono de Frigia.
Un día, Apolo y Pan compitieron junto al río Tmolo, en Frigia, para decidir quién era el mejor músico. El dios del río dio el triunfo a Apolo, pero Midas no estuvo de acuerdo y le negó el premio. Entonces Apolo lo castigó haciendo que sus orejas parecieran de burro, las que, avergonzado, Midas cubrió con un raro sombrero. Al ver el sombrero de Midas todos los frigios comenzaron a usarlo. Ese fue el famoso Gorro Frigio que después se convirtió en símbolo de libertad y el cual figura en el Escudo de Nicaragua.
Un día el barbero de Midas divulgó el secreto de las orejas de burro del monarca, quien, enfurecido, lo mandó a matar. Luego Midas se suicidó porque no podía vivir con la vergüenza de que la gente supiera que sus orejas eran de burro.