Conrado Godoy
Recientemente se conmemoró el centenario del filósofo francés Jean Paul Sartre famoso mundialmente no sólo por sus obras, traducidas a decenas de idiomas y leída en todo el planeta, sino además por su activa militancia política en la extrema izquierda, por su visceral agnosticismo y anticlericalismo, pero sobre todo por haber lanzado un nuevo derrotero en la investigación del ambiguo y fascinante enigma existencial.
Sartre, igual que lo hizo Kierkegard primero, y posteriormente Heidegger, defendió con pasión la doctrina del existencialismo, basado en el principio de la descripción “de que la existencia del hombre es prioritaria a cualquier consideración sobre su esencia”.
Sartre escribió clásicos como El ser y la nada considerados por sus seguidores como magistrales, mientras que sus detractores no vacilan en señalar que la base del sartrismo como él mismo lo reconoce, es una contradicción, por lo tanto no puede tener valor de ciencia. Algunos inclusive lo consideran un absurdo con el que toda discusión es imposible.
En verdad las exposiciones de Sartre se transforman a veces en verdaderas jerigonzas verbales que desafían el sentido común. He aquí un ejemplo: “El ser que me inviste en total y del que nada me separa es precisamente la nada que me separa y esta nada, porque es la nada, es infranqueable…”. “ Tiene del ser porque son negación del ser y de lo mundano; la espacialidad, la cantidad, la utilidad, la temporalidad no viene al ser sino porque soy una negación del ser, no agregan nada al ser, son meras condiciones anuladora del ‘hay’, no hace sino realizar el “hay”. Basta pues leer el párrafo anterior para entender por qué la crítica contra este filósofo haya sido tomada tan demoledora”. “Es (el existencialismo) —escribe M Cuivier— una enfermedad de la filosofía”, mientras que para A Descoqs —el sartrismo— “es la negación de la inteligencia , la negación de aquello que nos hace hombres y de lo que nos distingue de la mesa de la piedra o de la amiba”. Pero Sartre no es sólo un filósofo. En contra de lo que hacen los positivistas y los racionalistas, no hace diferencia entre filosofía y literatura, o entre filosofía y arte, línea en la que también están los existencialistas de hoy (Jean Whah, principal filósofo de París Carl Jasper, Gabriel Marcel, Jeanne Hersch) y otros.
Además de sus tratados de filosofía Sartre incursionó con éxito en la novela, entre las cuales probablemente es La náusea la más conocida e influyente. Ha escrito algunas buenas obras teatrales, sátiras, comedias, ensayos y estudios literarios, entre ellos uno muy conocido sobre la vida de su compatriora, el gran novelista Gustave Flaubert.
Durante años, debido a su filtración al comunismo y el apoyo que brinda a causas populares su obra se convirtió en anatema y fue relegada casi al olvido y hasta llegó a temerse que desapareciera por completo de los planes de estudio en colegios y universidades francesas. Sin embargo todo parece indicar que hay un renacer y su obra filosófica está recobrando actualidad y vigencia. Y es natural que así sea en una época en que la humanidad está siendo angustiada por problemas que Sartre desmenuzó con la sagacidad y la inteligencia de un visionario, virtudes que lo han convertido en el más extraordinario y polémico filósofo del siglo XX.
El autor es periodista