El II Congreso Internacional de Filosofía “Xavier Zubiri”

Alejandro Serrano Caldera

Del 21 al 24 de junio se realizó en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, el II Congreso Internacional de Filosofía Xavier Zubiri, el que reunió a trescientos participantes y cerca de cincuenta conferencias y ponencias que alentaron el intenso debate que tuvo lugar durante cinco días.

Pensadores provenientes de España, Alemania, Japón, Estados Unidos y de varios países de América Latina, discutieron acerca de la obra de este singular filósofo vasco, discípulo de Ortega y Gasset, nacido en 1898 y fallecido en Madrid en 1983.

Debido a la generosidad de sus organizadores, la Universidad Centroamericana (UCA), de El Salvador, y la Fundación Xavier Zubiri de Madrid, tuve el privilegio de formar parte del Comité Científico del Congreso y de realizar mi exposición el último día en una intensa jornada inaugurada por Adela Cortina, profesora de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, y, sin lugar a dudas, uno de los nombres más conocidos en la filosofía iberoamericana y clausurada por Jon Sobrino, uno de los teólogos de más prestigio en la actualidad. Ese día participaron, además, Jordi Corominas, muy conocido en el mundo académico nicaragüense por sus años de permanencia en la UCA de Managua, y el costarricense Luis D. Cascante.

En mi ponencia, El filósofo ante los retos de una nueva ética: en torno a Hegel y Zubiri, traté de establecer la posible raíz hegeliana de Zubiri y, a la vez, las diferencias principales con el autor de la Ciencia de la Lógica. Más que una investigación de la forma como Zubiri, en la perspectiva de su filosofía recibe a Hegel, se trata de cómo un lector posterior, que en cierta forma es siempre un vértice en el que convergen múltiples afluentes, percibe desde su perspectiva, que ya es otra, esos posibles nexos.

Creo fundamental en la obra de Zubiri las categorías de inteligencia y sensibilidad, que tienen un desarrollo importante en sus obras Inteligencia Sentiente e Inteligencia y Logos, de alguna forma relacionadas con las de racionalidad y realidad de Hegel.

Mientras Hegel hace depender todas las formas del mundo y la existencia de una razón absoluta que se manifiesta mediante el desarrollo del espíritu, en donde lo real depende de lo racional que como espíritu se despliega en la historia, “todo lo real es racional, todo lo racional es real”, Zubiri sostiene que es “imposible una prioridad intrínseca del saber sobre la realidad ni de la realidad sobre el saber. El saber y la realidad son en su misma raíz estricta y rigurosamente congéneres”.

La filosofía de Zubiri se separa así de manera bien clara de la filosofía griega y medieval y del racionalismo moderno en tanto llegan a considerar el inteligir y el sentir “como actos de dos facultades esencialmente distintas”. Intelección es aquí aprehensión y aprehensión es aprehensión de lo real que integra ya en su totalidad los dos momentos referidos: el de la sensibilidad y el de la intelección.

La filosofía griega enseñó que la razón y la inteligencia humanas sirven para entender el mundo objetivo que existe fuera de nosotros, mediante un proceso que empieza por los sentidos que nos proporcionan las primeras impresiones de ese mundo exterior. Por lo tanto, primero se produce la impresión sensible mediante la vista, el oído, el tacto, el olfato, el paladar, luego la razón transforma las sensaciones en conceptos y categorías mentales.

En esa asociación entre sensación y razón, la sensación es primera y la razón es posterior, o como dice Zubiri, “una cosa, se nos dice, es sentir, otra intelegir. Este enfoque del problema de la inteligencia contiene en el fondo una afirmación: inteligir es posterior a sentir, y esta posterioridad es una oposición. Fue la tesis inicial de la filosofía desde Parménides, que ha venido gravitando imperturbablemente, con mil variantes, sobre toda la filosofía europea”.

Pero esta afirmación contiene otra como su consecuencia. En efecto, si el sentir es anterior al inteligir, la sensación o acto sentiente tiene un carácter no sólo a-lógico sino también pre-lógico, de donde resulta que sentir es un acto primario común a toda naturaleza animal, incluyendo el animal humano, en tanto que inteligir es un estadio superior que corresponde exclusivamente al ser humano. Esta afirmación nos lleva inevitablemente a otra: la intelección no es otra cosa que el ordenamiento racional de los datos sensibles que el hombre percibe por los sentidos.

La inteligencia sentiente nos conduce a un concepto integrado de ambas categorías que devienen funciones de una misma unidad, pero, sobre todo, nos conduce a reconocer en esta relación entre lo racional y lo sensorial, (lo inteligente y lo sentiente) una ética y una praxis. Una ética fundada en una praxis. La ética debe consistir en la praxis (la práctica) de una actividad creativa que ponga en relación al hombre y su mundo. El hombre no sólo es producto de la naturaleza y la historia, sino factor que la determina y transforma con su práctica.

Como podemos apreciar, se trata de reivindicar por la ética y para la historia y la política, el derecho de todos y cada uno a su propia praxis, enfrentados cada quien a su propio mundo. Se trata de reivindicar el derecho a la identidad y a la diferencia, rechazando todo afán de uniformidad y asumiendo un concepto de universalidad enriquecido por la pluralidad de expresiones culturales que se han forjado a lo largo del tiempo a partir de su propia ética y de su propia praxis.

La filosofía de Zubiri, junto a la de otros filósofos contemporáneos, o en las fronteras de la contemporaneidad, Nietzsche, Heidegger, Levinas, Dussel, Apel, Habermas, guardando las distancias de sus propias identidades y diferencias, trasciende las fronteras de la modernidad y se sitúa en un horizonte post-hegeliano. El sistema de Hegel lo integró todo, “del guijarro a la estrella”, y lo totalizó todo. Nada existe fuera de la realidad absoluta del espíritu ni del totalitarismo de la razón.

Creo que algunas tesis de Zubiri pueden enriquecer la tarea de la filosofía latinoamericana, aunque quizás él no lo haya pensado en esos términos y aunque nuestro tiempo y espacio sean diferentes al tiempo en que él vivió y al lugar y circunstancias en donde desarrolló su pensamiento. La filosofía latinoamericana ha planteado la legitimidad de la alteridad, es decir de lo otro, del otro, del excluido de aquél a quien se le niega su condición de humanidad y su realidad de sujeto.

Por ello, la nueva filosofía y la nueva ética deben considerar no solamente que el otro, o lo diferente, el excluido, sea aceptado por el sistema de categorías y poderes dominantes, filosóficos, políticos, sociales, económicos, sino que su propia realidad, su propia praxis, es decir, su propia ética, sea reconocida, haciendo posible de esta forma la Unidad en la Diversidad.

La reflexión y debate acerca de la unidad entre lo sensible y lo inteligible, entre la sensación y la razón y sobre una de sus consecuencias prácticas, la relación entre la ética y la política que surgen de una realidad específica y de una práctica concreta, constituye uno de los grandes temas de la filosofía y la ética de nuestro tiempo. Es por ello que este esfuerzo realizado por la Universidad Centroamericana de El Salvador, UCA y la Fundación Zubiri de Madrid es digna del mayor aprecio y reconocimiento.

El autor es filósofo nicaragüense.

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