Benedicto XVI y la política

Peter R. Bernal.

“La paz no tiene que ser hija de la violencia, sino de la razón”.
Benedicto XV.

Los primeros meses del nuevo Pontífice Romano Benedicto XVI, el antiguo erudito cardenal alemán Joseph Ratzinger, no revelan todavía ciertos detalles acerca de su futura gestión, pero se ha podido ir conociendo mucho de lo que puede esperarse. Lo primero que nos atrevemos a decir es que no creemos que insistirán tanto en temas políticos como algunos de sus predecesores. En otras palabras que será un Papa teológico y pastoral más que cualquier cosa. Puede esperarse del Papa que insista en derechos humanos y abogue por la paz. Inútiles serán los deseos de aquellos que quisieran verlo como defensor de occidente o participante en alguna cruzada contra el islamismo, es más, parece ser que un gran sector islámico, sobre todo moderado, lo ve con gran simpatía como experto que es en cuestiones relacionadas con el ecumenismo y la fe de las diferentes religiones universales, incluyendo especialmente las no cristianas.

Ha habido mucho más aceptación de Benedicto XVI entre los islámicos que entre los protestantes. El Papa tiene muchas relaciones entre los ortodoxos orientales y lo ven con cierta simpatía los protestantes conservadores, llamados evangélicos, porque el Papa está comprometido a la lucha contra el aborto y no cederá en temas de aceptación del homosexualismo. Los protestantes y los católicos liberales lo siguen mirando con preocupación ya que no esperan que abola el celibato, permita la ordenación de mujeres o adopte una posición más flexible hacia el homosexualismo. Prueba de esto lo fue su reunión con los obispos africanos sobre el tema del sida y la abstinencia como la única forma segura de impedir el contagio del virus. Curiosamente, el nuevo Papa podría facilitar a los divorciados vueltos a casar que no lograron anular canónicamente sus matrimonios, a recibir en algunos casos la comunión. No quiere decir cambio de política al respecto, sino “solución pastoral” a favor de quienes no fueron culpables. Será, pues, un Papa pastoral, preocupado por la vida espiritual de sus feligreses.

Pero antes de continuar hablando en términos generales como hasta ahora, nos parece que Benedicto XVI enfocará a Europa y no tanto al Tercer Mundo. No tiene esto relación con el hecho de ser alemán sino que hasta el nombre lo escogió relacionado con el patrono de Europa San Benedicto, y de su antecesor el llamado Papa de la Paz, Benedicto XV. Esto nos recuerda, su interés en reclamar para el cristianismo histórico al continente europeo. Le preocupa que países católicos como Francia, Italia y España han visto disminuir las cifras de asistencia a misa y las vocaciones para el sacerdocio. Su antecesor, muy admirado por él, Juan Pablo II, de quien fue quizás el más cercano colaborador, le recordó a la Comunidad Europea que debía mencionar a Dios y al cristianismo en sus documentos sin haber tenido éxito en sus gestiones.

El Papa Ratzinger, quien presidió recientemente una celebración litúrgica con motivo de la presentación oficial del Compendio del Catecismo, preferirá cuestiones como la formación de sacerdotes, la prevención de la identidad católica y cristiana, la lucha contra el aborto, la promoción de una cultura de vida (que incluirá continua crítica a la guerra) a cuestiones abiertamente políticas. No debe confundirse su conservadurismo teológico con alguna forma de conservadurismo tradicional. El Papa seguirá hablando a favor de leyes sociales y criticando lo que han llamado los círculos eclesiásticos “el capitalismo salvaje”. No tendrá absolutamente ninguna relación con los llamados “neoconservadores” de EU a menos que alguno de ellos, individualmente, comparta su ideología teológica conservadora y sus énfasis sociales. De esa manera ha ido surgiendo la nueva misión social del papado, Juan Pablo II le dio una firme posición anticomunista y al mismo tiempo se alejó de cualquier forma de capitalismo que eche a un lado la doctrina social de la Iglesia.

¿El Papa y América Latina? Por supuesto el Santo Padre conoce esta región. Ya aclaramos que no abrá “un Papa de la derecha política” pero no deben considerarlo como su aliado, ni por casualidad, los partidarios de la “teología de la liberación”. Si Juan Pablo II demostró pericia en cuestiones de teología, Ratzinger es un teólogo completo, es más, su ocupación dentro de la Iglesia era la teología. Por lo tanto, tenemos ante nosotros a un eclesiástico que se preocupa por cualquier desviación de la teología tradicional aunque pueda a veces ser flexible, pero repito, sólo en aras de soluciones pastorales. No será un Papa viajero, pero sí uno muy al tanto de todo lo que concierna a su alta investidura. Podrá compensar cualquier deficiencia en la “teología del avión” con su enorme erudición y cualquier capacidad de análisis. Sus adversarios teológicos, sobre todo el súper teólogo Hans Kung, comprendieron muy pronto que a Ratzinger no se le puede pasar “strike por bola”. Eso mismo podrá aplicarse a aquéllos que quieran utilizar el catolicismo como plataforma para levantar un partido político o llegar al poder. El guardián de la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición) fue el mejor entrenamiento para detectar cualquier movimiento que pueda hacer peligrar no sólo a la Iglesia sino a la humanidad, en la forma en que él interpreta sus intereses. Cuidado, pues, con subestimar a este nuevo Pontífice. La Iglesia Católica y más específicamente el Vaticano seguirán ofreciendo un equilibrio muy interesante en un mundo que algunos consideran unipolar. No será caja de resonancia para la política radical entiendas de nadie, ni para la derecha ni la izquierda. ¿Qué tal? En cualquier caso, debemos prepararnos para un papado menos dramático que el anterior, con menos carisma, pero con un profundo discernimiento de la situación mundial y religiosa. ¡Así sea!

El autor es comentarista internacional.

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