El paso para que Nicaragua funcione

Marco A. Mayorga L.

Nicaragua debe lograr ser país económicamente sostenible. Que funcione y se lleve sólidamente hacia el progreso. En la historia se ha logrado cierto avance socio- económico, pero siempre aparece el obstáculo político. Lo edificado se destruye; lo que hace una persona o partido, el contrario lo desconoce o lo destruye y se vuelve a iniciar desde cero.

El desarrollo de la democracia —en la historia mundial— tiene dos pasos: El primer paso son las elecciones y alternabilidad presidencial continua, sin interrupción; y el segundo paso es la apertura e institucionalidad en los partido políticos. Durante 185 años de historia, Nicaragua ha logrado pocas y contadas etapas de alternabilidad presidencial. Actualmente son alrededor de 20 años con alternabilidad de presidentes.

Pero la alternabilidad se interrumpe cuando presidentes con fuertes liderazgos, han decidido continuar, extender o retomar la Presidencia a cualquier costo. Imagínense todas las adaptaciones constitucionales y legales que deben realizar para hacer parecer “legal” estas aspiraciones; no es fácil. Se inicia el desorden, el irrespeto a las ideas de los demás, la violencia y la implementación de una idea a cualquier costo. Es precisamente la situación e imagen de inestabilidad que Nicaragua tiene.

Está pendiente el segundo paso: La apertura o democracia interna en las instituciones partidarias. Es una etapa inconclusa y por lo tanto el progreso socioeconómico no ha encontrado un campo fértil para su continuo desarrollo. Partidos políticos fuertes, institucionales, abiertos, democráticos y elecciones internas es una etapa pendiente en la historia de Nicaragua. No importa la resistencia; se tome 1, 5, 10 o más años, pero debe llegar.

Líderes en distintas épocas de la historia inician una noble causa, agrupan a personas en un partido con intención de cambiar el destino de Nicaragua, luchando contra el continuismo. Gobiernan su período y lo hacen bien; pero consideran su obra inconclusa, entonces los mismos u otros grupos de personas le animan a continuar.

Antes, el continuismo podía empaquetarse atractivo, pero en la época moderna, es diferente. Las comunicaciones, el ser parte de una región, el contar con economía dependiente, con un mundo donde tanto la izquierda como la derecha han coincido en las bases del progreso y muchas otras realidades hacen difíciles que estas intenciones prosperen. Hoy representa más riesgo, por la fragilidad y dependencia de la economía y por el alto riesgo individual, del rechazo internacional y desprestigio personal.

Las opciones del líder político es ocupar un lugar en la historia favoreciendo el relevo por la apertura en los partidos políticos; o tomar un alto chance de desprestigio personal favoreciendo el continuismo, realizando todo tipo de acciones para evitar la competencia partidaria.

¿El liderazgo actual facilitará el relevo o insistirá continuar? ¿Tratarán de influir en el proceso de elección interna del candidato manteniendo la credibilidad de la población? ¿Las próximas elecciones satisfacerán los anhelos de la mayoría de la población? ¿Cuál será la magnitud del descontento de la población y cómo se manifestarán?

Con ejemplos mundiales de liderazgos exitosos, en Nicaragua no podemos ignorar la oportunidad de los partidos en la historia contemporánea; de ser factores de cambio. Superar las tentaciones del continuismo y llevar a lo interno de sus partidos el segundo paso pendiente en la historia de Nicaragua. Es la gran diferencia para el futuro de Nicaragua. Entonces, el progreso económico, al no sufrir interferencias, beneficiaría a las mayorías.

El autor es segundo Vicepresidente de AMCHAM.

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