Infaltable ayuda de la OEA

Fabio Gadea Mantilla

Si no fuera tan serio y tan trágico el momento que vivimos movería a risa la expresión de una serie de dirigentes políticos y de público en general cuando se refieren a la OEA y a los problemas nacionales. Dicen: “somos los nicaragüenses los que tenemos que arreglar nuestros problemas. Nadie tiene que venir de afuera a meterse en nuestros asuntos”. Viniendo del público en general, usualmente mal informado y que habla al peso de la lengua, pasa, pero en dirigentes políticos y personas que han estudiado en universidades y que más o menos conocen la historia de Nicaragua, es impropio hablar así.

Me pregunto: ¿Cuándo… cuándo los nicaragüenses hemos sido capaces de arreglar nuestros propios problemas? Siempre hemos buscado quién nos saque las castañas del fuego, quién nos ayude a resolver los enormes líos en los que nos metemos por antipatriotas, por egoístas, por tratarnos como enemigos y no como hermanos y por tener alma de dictadores.

En la historia sobran los ejemplos. Hemos vivido como perros y gatos peleándonos por el poder.

En 1856, un bando queriendo tumbar al otro trajo a la falange filibustera que se apoderó de la nación. Y ¿qué hicimos? ¿Resolvimos el problema nosotros? No. No había OEA y tuvimos que pedir auxilio a Costa Rica, El Salvador, Honduras y Guatemala para sacar a los filibusteros.

Todas las intervenciones militares gringas han sido por culpa de nuestra incapacidad política para entendernos, para resolver nuestros problemas. Tenemos muchas cualidades, menos la de tratarnos como hermanos. Cuando Zelaya se convirtió en dictador y llevaba ya 16 años en el poder, ¿fuimos nosotros los que resolvimos el problema? No. No había OEA y vinieron los yankis con la Nota Knox y botaron a Zelaya y pusieron al gobierno títere de los conservadores con un ministro americano que mandaba a la redonda.

Y luego vino la Revolución Constitucionalista de Moncada. ¿Resolvimos el problema de la intervención, con Moncada en un período presidencial? No. Siguió el problema. Sandino tuvo que hacer la guerra. ¿Pudimos resolver el problema? Tampoco. Somoza asesinó a Sandino en complicidad con los yankis y nos ganamos una dictadura dinástica de 45 años. Y nosotros, a pesar de nuestro heroísmo, de nuestros muertos, de nuestros mártires, ¿fuimos capaces de liberarnos solos de esa dictadura dinástica? No. Tuvo que morir Pedro Joaquín, tuvo que levantarse el pueblo y la dictadura seguía. ¿Quién nos ayudó a darle el golpe final? La OEA. Sí. La OEA, el foro en donde la República de Panamá nos prestó su escaño para que hablara el cura Escoto en nombre del Frente Sandinista y consiguiéramos la resolución de la OEA que pidió el retiro de Somoza, y un bloqueo total a su gobierno que lo obligó a renunciar y salir de Nicaragua…

Y después, cuando el sandinismo impuso su dictadura totalitaria, ¿pudimos nosotros solos acabar con ella? No. Perdimos miles de vidas y no pudimos. ¿Quién nos ayudó a botar a los sandinistas? La OEA con el Grupo de Contadora, con Esquipulas II y con la firma de Sapoá en donde siempre estuvo presente el organismo internacional.

No vengamos pues a decir ahora, cínicamente, que somos nosotros los nicaragüenses los que debemos resolver nuestros problemas, sabiendo que necesitamos que venga la OEA a moderar nuestras pasiones, a calmar todos los enconos, a enseñarnos que vale más un mal arreglo que un buen pleito.

Bienvenida sea la OEA. Bienvenido sea el Secretario General de la OEA a servir de mediador y sobre todo de garante de los compromisos que se contraigan en un diálogo nacional como el que necesitamos. Ni los nicaragüenses ni los bolivianos, ni ningún pueblo de América ha podido resolver sus problemas él sólo. Para eso estas naciones crearon la Organización de los Estados Americanos. Precisamente para mediar en los conflictos que se presenten entre naciones o dentro de ellas.

Que Dios guíe y llene de buena voluntad a los dirigentes políticos nacionales y guíe también la misión de buena voluntad que viene de la Organización de los Estados Americanos. Bienvenida sea.

El autor es empresario radial y Presidente del Parlamento Centroamericano

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