Luciano García Mejía*[email protected]
El 5 de junio del 2005 el Partido Conservador debió realizar su gran convención para elegir a su nueva junta directiva durante los próximos treinta meses. Durante dos años y medio el PC realizó toda una estrategia organizacional en la que se involucraron todos los conservadores de diferentes tendencias. Los tres Lilas, los dos Agüeristas, Alcones y otros más que estaban alejados, todos coincidimos en fortalecer la organización, pero para evitar problemas nos comprometimos a realizar un trabajo de equipo y visitar a todos los conservadores y llevarles el mensaje de unidad.
El proceso de modernización costó ponerlo en marcha, pero al fin y al cabo logramos rehacer las juntas directivas de todos los municipios del país, todas las elecciones fueron en voto secreto cuando competía más de uno, apegado a los estatutos y con los debidos jueces electorales, prueba de ello son las actas electorales en poder de la comisión electoral. Sin embargo unos conservadores que se dicen ser líderes democráticos iniciaron una campaña en los medios de comunicación desprestigiando el proceso, queriéndose aferrar a las viejas costumbres amañadas de hacer componendas y directivas de dedo, al cual su dirigencia no sólo se opuso sino más bien los invitó a que compitieran y se sometieran al proceso democrático y que fueran las bases del partido, en voto secreto, las que decidieran quienes serían sus nuevos dirigentes.
Tuvimos varias reuniones pero insistían en querer ocupar cargos directivos sin competir. Ante la negativa de su dirigencia de no querer participar en una componenda de cúpulas, recurrieron a la institución del pacto, el CSE, enemiga del PC, y sin llevar a cabo ningún procedimiento interno de protesta ante la comisión electoral del PC, los señores William Báez, Yalí Molina y Fernando Agüero, entre otros, introdujeron un escrito ante el CSE, en el que le pedían a dicho consejo anular las elecciones internas por considerarlas amañadas y en contra de los estatutos. El CSE les tomó la palabra y mandó anular todas las directivas del país, y a su propia convención, anulando todo un proceso de organización de más de dos años.
Lo peor del caso es que el Consejo Supremo Electoral basa su resolución en una simple nota y no dice por escrito en qué artículo el PC falló, no hace un dictamen de dicha decisión sino que simple y llanamente actúa en contra de los estatutos del PC y de la propia Ley Electoral, anula todo un proceso democrático interno. Ahora no sólo nos roba las alcaldías (Granada, Santo Tomás y Cuapa) sino que quiere robarnos el partido.
Es doloroso ver cómo personas como éstas sean amigas del pacto. Yo sabía de uno de ellos, que era todo un profesional del pactismo, el doctor Fernando Agüero, pero de los otros nunca me lo esperé, sobre todo de William Báez, que pertenece a un gobierno en el que supuestamente el propio Presidente de la República se declara en contra del pacto, un Presidente que dice no aceptar las resoluciones del pacto ejecutadas en la Asamblea Nacional en contra del Poder Ejecutivo como es la creación de las diferentes superintendencias. ¿O es que el Presidente de la República es amigo de los pactos cuando éstos no lo afectan a él? Porque si tiene a un funcionario de su gobierno promoviendo resoluciones en una de las instituciones del pacto para atentar contra la existencia de un partido político, como lo es el PC que tiene de existir más de 150 años, es porque es cómplice. Yo asumo que lo apoya ya que lo tiene aún en su cargo como si no pasara nada. Hoy los amigos del pacto han desilusionado una vez más a muchos conservadores.
* El autor es Secretario de Juventudes del Partido Conservador