Mauricio Peralta Mayorga
La relación simbiótica que existe entre el poder económico y el poder político es polivalente y multifacética. Algunos logran el poder económico, después de conquistar el político (éste fue el caso del Frente Sandinista, desde 1979), otros logran obtener importantes cuotas de poder político, después de alcanzar niveles de predominio en la actividad económica del país (éste es el caso de grupos empresariales por todos conocidos). Unos dicen gobernar “desde abajo” y otros no disimulan su gobierno “desde arriba”.
Estas aparentes similitudes entre ambos grupos dejan de serlo cuando pasamos a analizar las fuentes de su riqueza acumulada y la actitud asumida frente a los retos de la globalización. Dos situaciones fuertemente entrelazadas entre sí, ya que cuando lo adquirido económicamente ha sido resultado del poder político, se quiere conservar y engrandecerlo, mediante argumentos, tácticas y manejo, primordialmente de índole política. Cuando la riqueza acumulada, en cambio, es producto de trabajo desarrollado en un entorno competitivo caracterizado por el respeto a las leyes del mercado, comúnmente aceptadas, se quiere conservar y desarrollar lo obtenido, haciendo uso de instrumentos comerciales que promueven la competencia.
Es por esto que mientras unos despotrican contra el DR-Cafta (tácticas políticas), otros se preparan de la mejor manera para enfrentarlo (estrategias económicas). Ambos caminos persiguen el mismo fin: sobrevivir como empresarios. Unos lo hacen “demagógicamente”, utilizando los mismos argumentos políticos con los cuales nos mintieron y empobrecieron como nunca antes, durante los años ochenta. Queriéndonos meter de nuevo en miedo con aquel estribillo, de que con Cafta “el rico será más rico y el pobre será más pobre”. Ante todo este ataque, los que están a favor del DR-Cafta piensan que éstas son cosas de los “mismos dinosaurios del frente, pertenecientes a una especie de Siberia tropicalizada en peligro de extinción”.
Los dos grupos están equivocados en sus percepciones sobre las razones por las cuales unos apoyan y otros atacan al tratado. Los que lo atacan, olvidan que los que lo defienden, percibimos en el DR-Cafta la única opción que se nos presenta, en este momento, de no volver a caer en los errores del pasado, aislando nuestra economía, en medio de un sistema de precios controlados y de planificación centralizada que convirtieron “a los pobres muchachos revolucionarios”, de entonces, en millonarios de ahora y a los millones de nicaragüenses, de entonces, en los pobres de ahora. No queremos engrandecer la brecha entre los ricos y los pobres de nuestro país, situación que ya se dio en los años ochenta. Lo que queremos es converger como país, a mejores niveles de vida, experimentados desde ya por nuestros futuros socios comerciales.
Por otro lado, los que creen que los sandinistas se oponen al tratado por razones ideológicas o por proteger a los “los desposeídos de nuestro país”, también se equivocan, ya que a lo que más le temen los empresarios de la cúpula del partido rojinegro es al establecimiento de reglas más claras del juego, que trae consigo la ratificación del DR-Cafta.
Gobernando “desde abajo”, es muy fácil mantenerse, como el aceite, disfrutando de las riquezas adquiridas, “por arriba” y es que cuando desaparece la “mano invisible” de Adam Smith, aparece la “mano pachona” del que detenta alguna cuota importante de poder político. A lo que le temen verdaderamente estos señores, con Daniel Ortega a la cabeza, es a desenvolverse como verdaderos empresarios, en un marco jurídico regional y de estricto cumplimiento, perdiendo las ventajas que otorga una posición privilegiada, producto de su cuota de poder político. Dicho de una manera más coloquial, a lo que le tienen miedo es a jugar “parejo”.
El DR-Cafta no sólo representa nuevas cuotas y aranceles a la importación, es en realidad una nueva manera de hacer negocios, dentro y fuera de nuestras fronteras, con leyes que hacen más transparente el mercado y más imparcial, los diferendos entre las partes.
Es así, como los que apoyan el DR-Cafta, queremos prosperar en medio de este nuevo entorno competitivo, más transparente y equitativo, jurídicamente hablando y los que despotrican en contra de él, visualizan con temor su fin, como dueños de un mercado cautivo que comenzaron a crear y a usufructuar, desde el mismo 19 de julio de 1979, en donde nos comenzaron a mentir (como diría nuestro Procurador de Derechos Humanos) con el cuentecito aquél, de la “revolución de los pobres”.
El autor es economista y catedrático de la Universidad Thomas More.