Jaime Vega Luna
Está todo listo para llevarse a cabo, el 5 de junio próximo, la Gran Convención Nacional del Partido Conservador, en la que se elegirán la Directiva Nacional, la Comisión de Ética y Disciplina y la Comisión Nacional Electoral.
Tienen derecho al voto 276 convencionales recién electos democráticamente en todo el territorio nacional, más los cuatro alcaldes del PC, más el único diputado a la Asamblea Nacional que tiene el partido, siete delegados de órganos adyacentes y los miembros de la Junta Directiva Nacional. En total se suman alrededor de 310 personas con derecho a votar, restando, obviamente, los fallecidos, ausentes, renuncias y duplicidad de cargos.
Como es normal en todo proceso eleccionario, existen diferentes aspirantes a los cargos, especialmente a la presidencia de uno de los partidos más importantes de la vida política nacional. Hubo amagos de deslegitimar todo el proceso democrático que inició desde mediados de diciembre del año pasado, cuando se convocó oficialmente a elecciones de autoridades de partido en todo el país, alegando falta de tiempo para efectuar proselitismo y que algunas directivas habían sido electas sin la transparencia debida. Sin embargo, por diferentes medios han mencionado todos los contendientes que han aceptado la fecha de la Convención y han efectuado reuniones de cabildeo y propaganda para sus candidaturas, lo que legitima, política y legalmente el mencionado acto político.
En este momento la unidad del partido está dada alrededor de la Convención Nacional, que es de donde saldrá definido el futuro del PC, y son los convencionales que, en voto secreto, con la participación de todo el que quiera participar, sin exclusiones de ningún candidato, los únicos que tendrán esa importante responsabilidad en su conciencia, en un ejercicio democrático, que lo quisiéramos ver en otros partidos.
La actual directiva, en una posición incluyente, tolerante y unitaria ha cedido en muchos de los reclamos, algunos legítimos y otros no, por alejarse del espíritu de la democracia interna que debe regir en todos los partidos y el apego a los enunciados en los estatutos como carta fundamental a la que se le debe respeto absoluto.
Se han escuchado voces en dirección a que se debe efectuar una negociación para que el resultado de la junta directiva, ya a manera de plancha o de otro mecanismo, sea previamente acordado “para fortalecer la unidad”. Nada más alejado de la realidad son esos llamados unitarios, que no hacen más que atentar con la democracia interna que tanto ha proclamado el partido y que el pueblo nicaragüense está siguiendo con sumo interés.
La directiva no debe caer en la tentación de lo fácil, de secuestrar el derecho que tienen los Convencionales de escoger con su voto a las autoridades que, a su juicio, más le convengan. Si este partido se ha manifestado públicamente en contra del pacto libero-sandinista y la ciudadanía reclama de todas las fuerzas políticas la apertura en la selección de candidaturas el PC está en la obligación de tener una convención verdaderamente transparente.
Los conservadores debemos exigir plenos controles y seguridad para que el voto de cada convencional sea respetado y no buscar componendas que sí atentarían contra la unidad de la institución conservadora.
Estoy seguro que el PC saldrá fortalecido de este acontecimiento que se va a realizar, pues tanto los candidatos perdedores deben respaldar a los ganadores como los que resulten electos deben llamar a todo el que se diga conservador a que trabaje por el engrandecimiento del partido, que está llamado a ser una verdadera opción política del sector democrático nacional, pero que para serlo debemos actuar con democracia y demostrar con actitudes y hechos que somos diferentes a otras agrupaciones políticas, tan cuestionadas, precisamente por actitudes antidemocráticas.
El autor es directivo del PC.