Leonel Balmaceda Vega
Leyendo —durante los días precedentes al Cónclave— las especulaciones que se hicieron en algunos medios, sobre quién sería el nuevo Papa, en las que se acentuaba el deseo de que éste fuera más “progresista” o más “liberal”; y ante la posterior respuesta que se asomó a la ventana de la Basílica de San Pedro, el 19 de abril, en la figura del cardenal Ratzinger, con el evidente descontento de muchos, llego a las siguientes conclusiones:
Definitivamente que muchas de nuestras reacciones reflejan las percepciones demasiado humanas y ausentes de la garantía que da la fe: “La fe es garantía de lo que se espera; prueba de lo que no se ve” (Hb 11,1). ¿Cómo aceptar la figura del Papa elegido sin la visión llana de la fe, que nos permita creer en la acción afectiva y efectiva del Espíritu Santo? Como ha dicho el obispo argentino, Casaretto: “Desde la fe creemos que Benedicto XVI fue elegido por Dios”. Prácticamente, los que no creen: “¡Non habent Papam!” Frecuentemente nos traicionan nuestras resistencias psicológicas. Nos programamos de tal manera que si las cosas no salen según nuestras expectativas, tendemos a frustrarnos y a vivir en la inconformidad. Y, cuánto mal hacen las etiquetas y prejuicios hacia las personas.
Quienes están “encerrados” en sus propias ideas y prejuicios referente al nuevo Pastor: “Non habent Papam”, aceptar de manera pasiva o resignada la figura del nuevo Papa Ratzinger, como la señora italiana que estaba junto a mí en la Plaza de San Pedro y por tercera vez en su vida esperaba ansiosamente saber quién había sido elegido, y en esta ocasión sin aceptarlo, como muchos otros hoy… “Non habent Papam”. Lastimosamente otro color de humo (¿cuál?) acorde con gustos diferentes no llegará en este momento, a no ser que Dios disponga de la vida del neo Papa de modo inmediato… “Non habent Papam”.
¡Habemus Papam! Sí, es así como en estos días hemos leído tantas veces esta frase. El Espíritu Santo ha elegido, y si Él lo ha hecho, está bien. Él no se equivoca. Y nosotros creemos en la mediación de su acción misteriosa por la fe. Como decía el famoso Pascal “hay razones que la razón no entiende”. Ningún Papa, sea de la línea que sea, nos impedirá vivir el Evangelio, o el programa de vida de las Bienaventuranzas. Ningún Papa nos impedirá vivir la santidad, o la opción preferencial por los pobres. La forma como se hagan las cosas es otra cosa. En este sentido, Su Santidad quiere ayudarnos: “El yugo de Dios para nosotros es hacer su voluntad, y ésa es también nuestra alegría, la que en vez de alejarnos de nuestra identidad nos purifica…” (Homilía, 20 abril).
Lo edificante sería que no existieran quienes “non habent Papam” y por otro lado quienes “habemus Papam”. Debemos orar unos por otros. Benedicto, varias veces lo ha pedido para llevar adelante el ministerio petrino a él confiado. Pero es importante que oremos unos por otros a fin de crecer en la unidad como un solo rebaño bajo la guía de un solo Pastor. Nada que contribuya a crear división vendrá del Espíritu del Señor y de su santa operación, como decía nuestro “mínimo y dulce” Francisco de Asís.
El autor es Fraile Menor Capuchino, estudiante deEspiritualidad en la Universidad Antonianum de Roma.