Silvio Iván Bendaña*
Según la historia, hacia 1850 Italia, debido a conflictos entre la Iglesia y el Estado, entre las regiones del Norte y el Sur, y entre la industria urbana moderna y la pobreza rural en estado semifeudal, aunque unida territorialmente, se encontraba dividida políticamente en varios estados (entre ellos los reinos de Cerdeña-Piamonte, de Lombardo-Veneciano y de las Dos Sicilias, Parma, Módena y Toscana, y los Estados Pontificios). A comienzos del siglo XIX, Napoleón había creado el Reino de Italia, de breve duración porque con su caída Austria pasó a dominar la región Norte de Italia. Pero en el siglo XIX también se había expandido en Europa un movimiento revolucionario acompañado de un nacionalismo político y cultural. Así, la Italia desintegrada se volvió a consolidar (1861) como reino con Vittotorio Emmanuell II ciñendo la corona, gracias a Giuseppe Mazzini (1805-1872), fundador del movimiento Joven Italia, al líder militar Giuseppe Garibaldi (1807-1882) y al estadista Conte Camilo di Cavour (1810-1861).
Este movimiento unitario, además de político-militar, era un resurgimiento de la conciencia nacional bajo la influencia de los poetas que cantaban el arte del Renacimiento italiano y exaltaban la grandeza de la antigua Roma imperial. En este ambiente de agitación nacionalista surgió Giuseppe Verdi (1813-1901), tenido como el más grande compositor italiano de óperas, aunque para muchos críticos comparte este cetro con Giacomo Puccini (1858-1924). Verdi escribió 26 óperas, varias de las cuales sufrieron un fracaso en su estreno, pero en algunas de ellas Verdi mostraba y encubría a la vez su patriotismo contra la ocupación austriaca. Fue Nabucco (1842), la que trataba del cautiverio de los judíos en Babilonia, en sus coros denunciaba la opresión que sufría su país, su Italia fraccionada. Di quella pira, la famosa aria de Il Trovatore, era un grito de guerra contra los austriacos y el pueblo gritaban “Viva Verdi”, pero lo que decían realmente era “Viva Vittorio Emmanuelle, Ré d’Italia”, quien habría de ascender al trono una vez lograda la unidad del país.
Divulgado hace poco el argumento de La Traviata por el Diario LA PRENSA, su fuente es la novela La dama de las camelias de Alexandre Dumas (hijo), y la historia en tres actos, en síntesis, se desarrolla aproximadamente en 1850, en París y sus alrededores. Violeta Valéry (soprano), una bella cortesana, conoce a Alfredo Germont (tenor) y ambos se enamoran, yéndose a vivir a una casa de campo cerca de París; pero su felicidad es pronto amenazada por las dificultades económicas en que se encuentra la pareja. Al ausentarse Alfredo, con el propósito de resolver la precaria situación económica, su padre, Giorgio Germont (barítono) se presenta ante Violeta para exigirle que deje a su hijo, pero al saber que ella está realmente enamorada y ha estado sufragando los gastos del hogar, por prejuicios sociales, ya que está de por medio el próximo matrimonio de su hija con un hombre de la sociedad, ahora le pide a Violeta que cese su relación con Alfredo. Violeta toma la difícil decisión de escribirle a Alfredo diciéndole que volverá a su vida de antaño en los salones de París.
En una fiesta en que los amantes se encuentran, Alfredo reta a duelo al acompañante de Violeta, la ofende y le arroja una bolsa de dinero en pago de su compañía y favores recibidos. Al final del drama, Violeta cae gravemente enferma y al revelarle Germont a su hijo que Violeta se sacrificó al dejarlo, Alfredo la busca y en un momento de alegría la pareja se abraza, pero es demasiado tarde: víctima de la tuberculosis, Violeta intenta levantarse pero no lo logra y sucumbe ante la muerte.
Los primeros intérpretes del estreno de La Traviata, que tuvo lugar el 6 de marzo de 1853 en Venecia, fueron la soprano Fanny Salvini-Donatelli (1815-1891), el tenor Ludovico Graziani (1820-1885) y el barítono Felice Varesi (1813-1889), contribuyeron directamente al fracaso de la obra, pero un mes después, con otros intérpretes, obtuvo un triunfo rotundo para convertirse en una de las óperas más apreciadas y populares de todos los tiempos.
El papel de Violeta es asumido principalmente por sopranos ligeras, lírico-ligeras y líricas: pocas veces por sopranos dramáticas, siendo dos excepciones las versiones de Rosa Ponselle (1897-1982) y de María Callas (1923-1977). El papel de Alfredo es básicamente cantado por tenores ligeros y líricos, raras veces por tenores dramáticos, siendo una excepción Enrico Caruso (1873-1921), que en una época lo cantaba con regularidad. Normalmente se omite el aria O mio rimorso, de los inicios del II acto, una cabaletta que finaliza con un terrible do de pecho que pocos tenores han desafiado con éxito (Ivan Kozlovsky, Carlo Bergonzi, Nicolai Gedda, Alfredo Kraus, Luciano Pavarotti, Peter Dvorsky, entre otros). En cambio, el papel de Germont, más breve y más grato, forma parte del repertorio de todos los barítonos; así, por ejemplo, el gran barítono estadounidense Robert Merrill, recientemente fallecido, lo cantó más de 200 veces.
Esperamos que las dos funciones de La Traviata de los días 17 y 18 de este mes, sino en escenario porque es comprensible que existen muchas limitaciones económicas, sea de calidad aceptable sobre todo en la interpretación vocal de los artistas del reparto, que desde ya felicitamos por su noble esfuerzo en ofrecernos esta velada cultural que carece de tradición en nuestro medio.
* El autor es abogado y CPA, asesor en asuntos tributarios.