Eduardo Enríquez
El jueves por la noche, en la reunión semanal del Consejo Editorial de LA PRENSA, los miembros del Consejo se preguntaban cuál era la lógica de la agenda del pacto, aprobando leyes como la del Instituto de la Propiedad, o la del INSS, que vienen a complicar más el problema de la propiedad, una, y a arrebatar funciones y controles al Ejecutivo, la otra.
También se preguntaban qué se persigue retrasando el voto del veto del Presidente a la reforma a la Ley de Equidad Fiscal o la elección del Consejo Directivo del INE, que es parte del problema de la energía pues no hay una entidad que apruebe el alza necesaria para hacer frente a los precios del petróleo.
Para mí, esa agenda del pacto obedece al interés de humillar y poner de rodillas al Poder Ejecutivo, fortalecer la Asamblea y por ende a los caudillos y, de parte de los liberales, lograr la libertad de su “máximo líder” el reo Arnoldo Alemán.
A ellos no les interesa que esa agenda ponga en peligro la ayuda de Estados Unidos o el programa HIPC, destruir —una vez más— el sistema de Seguridad Social, o reeditar la “piñata”, con tal de mantener sus cuotas de poder.
Desde el punto de vista de los pactistas, esa agenda, por destructiva que parezca, tiene “lógica”. Pero ¿qué agenda tiene la gente que quiere hacer de Nicaragua un país viable para todos?
El problema es que la gente que quiere un país en el se pueda vivir, ni siquiera tiene agenda.
El Movimiento Por Nicaragua, por ejemplo, está convocando a marchas “por la paz”. No pudieron encontrar nada más abstracto. A una marcha “por la paz” pueden ir hasta Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Además, ¿quién va a decir cuándo se alcanzó esa paz? Para mí, desde hace rato tenemos paz, así que ni siquiera hay que estar marchando.
Son temas que no movilizan a nadie, a menos, claro, que aquí estuviéramos viviendo una guerra total.
El Movimiento Por Nicaragua debería proponer temas específicos. Uno clave es el Consejo Supremo Electoral.
Para mí, “ahí está el hoyo” del pacto, como dicen los chavalos cuando juegan beisbol, porque en elecciones libres y organizadas el pacto perderá fuerza frente a las nuevas candidaturas que se vienen gestando, como las de Eduardo Montealegre y Herty Lewites.
En junio se vence el período a cinco de los siete magistrados propietarios. Los sandinistas ya están hablando de reelegir a “sus” magistrados, responsables del problema del “ratón loco” en las elecciones municipales pasadas y del robo descarado en Granada, mientras los liberales hablan de poner a José Marenco y René Herrera, cuando ambos ya se han pronunciado contra la candidatura de Montealegre dentro de su partido.
¿Por qué no hacer entonces un movimiento que presione porque en el CSE se elijan magistrados independientes, hacer marchas y presionar hasta que se tome en cuenta al menos uno o siete magistrados independientes?
La movilización ciudadana ha funcionado en Ucrania y en México. ¿Por qué no aquí? Sin embargo, hay que fijar agendas concretas, con metas tangibles, que puedan aglutinar apoyo ciudadano.