José Leopoldo Decamilli
Poco más de un año ha transcurrido desde que el Partido Socialista Español, explotando ignominiosamente el trauma de la sociedad española provocada por el criminal atentado terrorista del 11 de marzo del 2004, consiguiese triunfar en las elecciones. El balance de la gestión gubernamental es desolador.
Los gobiernos que siguieron al derrumbe de la dictadura franquista (de distinta orientación ideológica) habían decidido, con muy buen juicio, enterrar en el olvido las atrocidades que habían cometido en la guerra civil los contendientes de uno u otro bando. Los políticos cristiano-demócratas, liberales o socialistas de la transición concentraron sus esfuerzos en la estructuración del futuro de la nación. Apenas coge las riendas del poder el actual Presidente del Gobierno rompe con el pacto del olvido, borrón y cuenta nueva. Fustiga con furia las iniquidades del Movimiento Nacional, soslayando los crímenes y atrocidades de las fuerzas republicanas.
¿Qué sentido tiene reabrir las viejas heridas y perturbar el descanso de los muertos?
También en su política para afrontar los problemas actuales el señor Rodríguez Zapatero (así se llama el jefe del Gobierno) se mueve como un elefante en una sala llena de porcelanas. La unidad de la nación corre grave peligro debido a que el Gobierno —por carecer de una mayoría propia— está sujeto a las exigencias de las minorías secesionistas que le apoyan. Es probable que el jefe del Ejecutivo sacrifique la unidad del Estado español a sus mezquinos intereses de mando. Su ciego encono hacia todo lo que no se enfile en la izquierda le ha impulsado a demoler lo que el Gobierno anterior había construido laboriosamente. Este descombramiento es su única “conquista” gubernamental.
En el plano de la política educacional intenta imponer una enseñanza que excluye las verdades religiosas, en contra de la voluntad de los padres de familia, mayoritariamente católicos y que son los que tienen la responsabilidad primordial en la educación de sus hijos. Sólo en los Estados totalitarios el Gobierno se atribuye la facultad de determinar el contenido íntegro de la educación.
Idéntico desprecio a las prescripciones morales pone de manifiesto en la apresurada aprobación de leyes antinaturales que favorecen el “matrimonio” de personas del mismo sexo y que abren incluso la posibilidad que estas parejas puedan adoptar niños.
Rodríguez Zapatero proclama altisonantemente una alianza de civilizaciones que se traduce prácticamente en la solidaridad con las más abominables dictaduras árabes y caribeñas.
Pacifista radical cuando se trata de oponerse a las acciones militares de Estados Unidos (a los que después corteja servilmente), se convierte de improviso en promotor de contiendas en regiones conflictivas, vendiendo armas al Gobierno venezolano, para fortalecer militarmente a las milicias chavistas que apuntalan su poder dictatorial o para ayudar a las agrupaciones terroristas que operan en Colombia.
El autor es historiador.